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Millonaria fuente hídrica que se está desaprovechando

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Más 57 mil millones de dólares es el valor de los bienes y servicios que no se están aprovechando por el estado de contaminación del afluente. Este dinero, según el análisis, equivale al 15,25% del PIB nacional. 

  Según el documento, el Rio Bogotá aporta el 31.7% del PIB nacional y se estima que para el 2.025 en su zona de influencia vivan alrededor de 12 millones de personas.

 

El Río Bogotá es un problema o por lo menos así lo considera la mayoría de los bogotanos, quienes además relacionan a esta cuenca hídrica como una fuente de contaminación, de malos olores y un foco de inseguridad.

 

Pero este afluente, reconocido como el segundo más importante del país y según el análisis de la Universidad de La Sabana, aporta el 31.7% del PIB nacional y se estima que para el 2.025 en su zona de influencia vivan alrededor de 12 millones de personas. 

 

Su situación preocupa, pues como lo explica Jefferson Galeano, profesor de Educación Ambiental y autor del informe, se convirtió en la principal fuente de contaminación del río Magdalena. “Según la Fundación Al Verde Vivo, son 835 toneladas de sólidos en suspensión que la cuenca más grande del país recibe del Río Bogotá. Cantidad de material suficiente para llenar 30 volquetas grandes”, dice.

 

A pesar de su elevado nivel de contaminación, consecuencia de los cerca de 6 millones de toneladas de basura que se le han arrojado en los últimos años –entre colchones, sillas, electrodomésticos, tapetes, llantas y plásticos– más los cientos de desperdicios de fábricas y empresas mineras que se encuentran en su zona de influencia, el Río Bogotá actualmente ofrece servicios ecosistémicos como agua para el consumo doméstico, la agroindustria y la generación de energía que se están desaprovechando.

 

“Es evidente que la cuenca está siendo subutilizada, su potencial económico y social es enorme, más si se tiene en cuenta la proyección de la región para los próximos 15 años”, agrega el experto.

 

Se calcula que su zona de influencia se consolidará gracias al crecimiento del clúster empresarial que llegará en los próximos años, compañías del sector de prestación de servicios y con amplio reconocimiento por su actividad industrial. También se proyecta que alrededor de su ronda en las próximas dos décadas, arribe población joven y de clase media que demandará un entorno que genere bienestar y seguridad.  

 

En cifras y según el análisis, el desarrollo económico de toda la región del Río Bogotá –desde Villapinzon, donde nace su cauce, hasta Girardot donde termina– crecería en por lo menos un 12% si se pudiera aprovechar todos los servicios que ofrece la cuenca; sin embargo, su principal enemigo es su elevado nivel de contaminación. La CEPAL, por ejemplo, reconoce en 57.711 millones de dólares el valor que representa los bienes y servicios que no se pueden demandar por su estado de degradación actual. “Este valor representa el 15,25% del PIB nacional”, señala Galeano. 

 

Bienes y servicios desaprovechados en el Río Bogotá 

 

En primer lugar, sobresale la utilización del agua para el consumo humano y para uso de actividades agroindustriales. En la cuenca alta es posible hacer uso del agua del afluente para el consumo doméstico y agropecuario, no obstante, los costos de tratamiento por metro cubico son bastante elevados. En la cuenca media y baja el consumo del agua con fines domésticos no es posible, solamente en el último tramo algunos cultivadores lo usan para actividades agropecuarias, pero no es recomendable.

 

En segundo lugar, se resalta el potencial turístico de la zona que se afecta por su paisaje lúgubre, especialmente en la cuenca media y baja donde el color de sus aguas es negro con abundante espuma producto de la contaminación por detergentes. Por la geografía de su recorrido, la cuenca presenta gran diversidad de climas y ecosistemas que pueden resultar atractivos para caminantes, deportistas, campistas y viajeros; y también se puede convertir en destino de descanso.

 

Un dato que argumenta esta tesis es que Colombia en los últimos años se ha convertido en un destino predilecto para turismo de aventura que involucre la naturaleza. Según el Ministerio de Industria y Comercio esta actividad se concentra en pocas regiones del país y no se explota en su máxima expresión.

 

En tercer lugar, se destaca la generación de electricidad que, si bien ya se realiza en la cuenca baja, el costo es alto porque la infraestructura tiene un desgaste mayor por los contaminantes químicos, físicos y solidos con los que diariamente está en contacto. Además, el embalse del Muña enfrenta graves problemas ambientales que demanda un presupuesto propio para su recuperación.

 

Otras pérdidas económicas

 

Los rubros que los municipios, la nación, el departamento de Cundinamarca y el distrito capital destinan para compensar los efectos negativos que generan los residuos de los ciudadanos, son millonarios.

 

La Contraloría de Bogotá reportó que en el periodo de 2008 a 2013 se invirtieron 1.8 billones de pesos, una cifra cercana al presupuesto general del Departamento de Cundinamarca, monto que no ha generado gran aporte a la recuperación del Río.

 

Así mismo, se estima que, para evitar la disposición final de residuos en la cuenca, este valor asciende a 9,71 billones de pesos, lo que representa alrededor del 58% del presupuesto distrital.

 

También se deben mencionar los rubros que se destinan a cubrir los impactos que se relacionan con la contaminación del afluente, pero no se registran dentro del análisis financiero relacionado directamente con la cuenca hídrica. Por ejemplo, la prevención y asistencia de enfermedades producidas por virus y bacterias que se transmiten a través del agua y los alimentos.

 

“Si bien el informe demuestra que existe una mala gestión en la recuperación del Río y una pérdida económica considerable, no solo en los recursos que se destinan año tras año sino en los que se dejan de percibir, es importante que el afluente no sea condenado a muerte. Como ecosistema no ha perdido su capacidad natural de recuperación, exige, eso sí, apoyo técnico y social”, afirma Galeano.

 

Continuar con las obras técnicas, dar celeridad a la construcción de Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales – PTAR no solo en la ciudad de Bogotá sino en todos los municipios de la cuenca, es una solución por donde el distrito y las autoridades ambientales podrían iniciar. Pero lo elemental es transformar la percepción que tiene la gente del río, eliminar el imaginario social que lo define como una cloaca y empezar a identificarlo como un sistema vivo. Para esto son fundamentales los procesos de educación no solo en las instituciones educativas sino en todos los escenarios que involucre la participación masiva de las comunidades.

 

Este proceso educativo será exitoso en la medida que los responsables de las decisiones comunales definan unas reglas básicas de utilización del Río, unos principios de organización territorial que especifiquen la responsabilidad de cada actor involucrado y unos procedimientos fundamentales que fomenten la participación de los ciudadanos y marquen una ruta precisa de intervención en el largo plazo, primordial que no dependa del funcionario de turno.

 

Una experiencia que demuestra que esto es posible es la recuperación del Río Sena en Francia, que a principios del siglo XX tenía el aspecto que presenta hoy en día el Río Bogotá. Actualmente se reconoce el Sena como uno de los destinos turísticos más visitados a nivel mundial.

 El truco es simple, dice Jean Baptiste Revillon, encargado del sistema de Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales de Paris, y es que la gente y las empresas dejen de botar por la cañería cualquier cosa y si lo hacen deben pagar.  

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