Entrevistas

Colombia ante los ojos de España

ignasio

El catedrático Ignacio Arroyo Martínez, conocedor de temas internacionales, desde Barcelona, España, destaca que todos en Colombia quieran la paz, pero ve con buenos ojos que se ajusten algunos puntos del acuerdo. De la misma manera habla de lo que fue el proceso con la ETA en España y anuncia que en el mes de enero llegará a Bogotá con la finalidad de dictar algunas conferencias.

¿Desde España cómo ve el proceso de paz en Colombia? ¿qué se comenta desde el exterior?

R: “Se ve con gran esperanza y optimismo y sobre todo con el deseo de que se alcance la paz cuanto antes. Sin embargo, no faltan voces que, como la mayoría del pueblo colombiano, no aceptan las condiciones de impunidad para los crímenes más graves. A mi juicio, no les falta razón cuando afirman que en una guerra también existen crímenes que deben ser juzgados una vez alcanzada la paz, los denominados crímenes contra la humanidad. En situaciones especiales, en la guerra y en la paz no hay espacio para la impunidad total, eso significaría la negación de la dignidad humana. Y no se puede ni debe consentir cuando existen recursos para ello”.

¿Ve a Colombia con otra imagen hacia el exterior?

“Colombia siempre se ha visto como un gran país, no solo en tamaño geográfico sino por sus riquezas naturales y por la valía de sus gentes. Ahora, tras el proceso de paz irreversible, la imagen de apertura, conciliación y progreso ha aumentado considerablemente. No es lo mismo ser noticia de primera página por razón de guerras y actos de terrorismo que por acuerdos de paz. Colombia está a las puertas de convertirse en el paladín de la negociación y del consenso. Y estas palabras las necesitan todas las sociedades, pues las diferencias de criterio no deben llevar al enfrentamiento sino a enriquecer los acuerdos, indispensables para vivir en paz y en progreso”.    

¿Cómo ve que exista polarización unos que creen en los acuerdos y otros no?

“Ya he respondido en parte a la pregunta. Todos creen en la paz. Incluso diré más: todos los colombianos aceptan el proceso de paz. Porque visto el proceso, es legítimo deducir que todos los colombianos han descartado la paz romana, la que se impone por la fuerza de las armas y, en cambio, han aceptado el proceso de negociación que lleve a la paz.

Cuestión distinta es que no todos están de acuerdo con las condiciones pactadas. Naturalmente que otros negociadores hubieran aceptado otras condiciones, pero los negociadores gubernamentales fueron representantes legítimos, y por tanto el pueblo debiera de acatar esa decisión.

Quizás el Presidente Santos se equivocó en la estrategia final, convocando un referéndum, por lo demás innecesario desde el punto de vista legal. La Constitución de Colombia no exige el referéndum para la aprobación de Tratados de paz. Pero su Presidente ha querido ir algo más lejos, preguntando la opinión directa al pueblo colombiano y la respuesta no ha sido tan favorable como esperaba. Pero ustedes son capaces de superar esta crisis, por lo demás no tan grave pues los partidarios del no superan en pocos votos a los partidarios de los acuerdos”.  

¿Cómo fue el proceso con la ETA en España?

“No creo que se pueda establecer paralelismo entre los procesos de ETA y las FARC, salvo que ambos terminan con el cese de la violencia.

Desde luego las diferencias son evidentes pues ETA es en origen y destino un movimiento (violento) independista y las Farc no.

ETA quiere un estado vasco independiente: Euskadi, en su terminología, se desgaja de España y de Francia. Las Farc no buscan la rotura o fragmentación del espacio territorial de Colombia sino la sustitución de la organización estatal, el cambio radical del gobierno. Las Farc representan un movimiento revolucionario que aspira a implantar un estado marxista o comunista, si no me equivoco, pero respetando las actuales fronteras de Colombia. Se proclaman patriotas colombianos.

Los militantes y simpatizantes de ETA todo lo contrario: se declaran vascos antiespañoles. Al objetivo principal de la independencia añaden la socialización total de la política. Precisamente este aspecto político ha constituido un factor determinante para que muchos vascos independentistas sean contrarios a la organización terrorista, y ello también ha contribuido al aislamiento social y por ende al cese de la violencia.

La segunda diferencia, no en importancia pues en rigor es la primera, consiste en la derrota judicial, militar, policial, social y política de ETA.

Los miembros de ETA han sido juzgados y condenados por tribunales legítimos, que respetaron las garantías del proceso. Han sido vencidos, militar y policialmente, por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. El gobierno español ha contado siempre con la colaboración judicial y policial de Francia, país modelo de democracia y de asilo.

Además, la sociedad española en su conjunto y la vasca en particular han manifestado hasta la saciedad y sin paliativos el rechazo de los métodos terroristas. En todas las elecciones democráticas los partidos simpatizantes de ETA fueron siempre derrotados, si por derrotado se entiende no gozar del favor de la mayoría.

Con las premisas anteriores fácilmente se comprende que el proceso del final de ETA es muy distinto del de las Farc. Con ETA no se ha negociado la paz, y mucho menos al modo colombiano. ETA ha decidido unilateralmente cesar la violencia y el Estado español espera que el proceso concluya entregando las armas definitivamente”.        

 ¿Si hubo paz en realidad?

“La pregunta está respondida anteriormente. Añadir únicamente que paz verdadera llegará cuando todos los terroristas entreguen las armas y renuncien públicamente a la violencia.

El perdón, los juicios pendientes y la liberación de los presos son cuestiones pendientes que si no se resuelven razonablemente pueden desestabilizar la paz definitiva”.

 ¿Cómo está la situación política en España?

“La respuesta exige más espacio que el concedido en estas líneas.

En síntesis diré que amenazada de inestabilidad. Lo que no es bueno para nadie y los políticos deben aprender que tras las elecciones, es decir, en los cuatro años que debe durar una legislatura tiene la obligación de consensuar para garantizar la estabilidad del partido de gobierno, que gobierno con o sin mayoría”.

 ¿Y los ánimos independentistas de Cataluña?

“Las personas que viven en Cataluña están muy cansadas de la situación política, dominada por la preocupación independentista. Los partidarios y los detractores quieren que se resuelva cuanto antes este dilema. Quieren despejar ya tanta insistencia y tanta frustración, por un lado y por otro.

Sin embargo, la evolución del proceso ha llegado a un punto sin retorno porque ninguna de las dos posiciones quiere ceder. Hay variantes en cada lado pero los independentistas, digamos moderados, reclaman un referéndum de autodeterminación. En cambio, los constitucionalistas más abiertos, exigen que ese referéndum, de acordarlo el gobierno de la nación, sea de todo el pueblo español, y no solo de los que tienen la residencia en Cataluña.Vamos, el dilema de Shakespeare, ser o no ser”.

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