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Carta de una hija a un Padre

diaz maria camila
diaz maria camila

Por María Camila Díaz

Papá:

La batalla no se ha acabado. Te cojo de la mano fuerte para seguir caminando juntos, como lo soñaste, como siempre.

Al principio no entendía por qué todo lo que te pasaba me afectaba tanto… nunca habíamos vivido juntos , y por aprendizajes que vinimos a tomar tu, mi mamá y yo en esta tierra, no estuviste cerca de mí durante mis primeros años. La vida se encargó de unirnos en el tiempo que era. Cuando ya entendía todo. Cuando tuve la capacidad de perdonar y perdonarme. Todo es perfecto papá. Ni antes, ni después.

En enero del año pasado, después del viaje de tus sueños, tu corazón se detuvo. No una, ni dos, sino tres veces. Contra todo pronóstico, milagrosamente saliste triunfante. Una vez más . Cómo decías tu… hierba mala nunca muere.

Y así, riéndote con los médicos y con las enfermeras que te cuidaron, les dijiste que no estabas listo para recibir a la muerte.

Cómo un guerrero te aferraste a la vida, para regalarnos unos meses más de tu grandeza y generosidad en esta tierra. Ayer a las 11:10 de la mañana, hora en la que nací hace 33 años, tu corazón, que ya estaba débil, se volvió a detener. Dejaste tu cuerpo enfermo y trascendiste cómo un grande, cogido de mi mano. Me sonreíste desde esa puerta llena de luz, con mis abuelos, y me dijiste que ya no tenías miedo. Me hiciste el gesto que tanto hacías con tu dedo pulgar hacia arriba… Que ya todo estaba bien.

Ayer me enteré que una de tus canciones favoritas que bailabas con Papá Giovanni es Canela de Cesar Mora, la favorita de Jaime GARZON, otro de tus héroes. Esa canción empieza así: “Quiero morirme de manera singular, Quiero un adiós de carnaval.” Así es y así será .

Después de muchos años entendí por qué eres tan importante para mí. Eres mi espejo, mi maestro de vida. Le doy gracias a Dios por todos esos corazones que ayudaste a sanar. Porque tu bondad era tan grande que incluso, cuando tuviste poco, se lo diste al que más necesitaba. Luchaste contra tus adicciones y ayudaste a otros a sobrepasarlas. Le doy gracias a Dios porque te fuiste sin beber. Te fuiste sin culpas, te fuiste en paz.

Y si, padre… tu cuerpo ya no está con nosotros, pero seguirás dando lecciones desde otro plano, seguro más bonito y más tranquilo que este.

Siempre seré tu orgullo, y tu el mío. Ganaré premios de periodismo, como soñaste. Llegaré mucho más lejos, cómo soñaste.

Dejaste un legado en mí, en el cine, en doble A, en cada una de las personas que están sentadas acá, en otras que no pudieron venir , en nuestros amigos y cercanos.

Increíblemente has sido el único que ha logrado que esta familia esté acá, unida. Te prometo que por mi parte trataré de que siga así.

Termino con la oración que hacías todos los días : Señor concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que si puedo y sabiduría para reconocer la diferencia.

Estás en mi corazón. Te amo papá.

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