Nota Política

EL LLANO MUY LLANO

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Recorriendo tierras lejanas desde Europa, se camina lentamente respecto del deseo y de la mirada que pretende adentrarse en la lejanía de las llanuras maravillosas.

Desde que uno desciende de la inhóspita montaña fría de la capital, en donde más por ambición que por visión fundó un caserío Don Gonzalo, venido de Quesada parece, pero nacido en alguna parte de la alegre Granada o de la tradicional y muy musulmana Córdoba Española; desde que empiezas a bajar, igual empiezas a sentir un calorcillo agradable. Ya andando hacia los llanos orientales de la Colombia vario-excluyente se denotan las alegres sensaciones de la calidez de un clima mas sano y reconfortante. No se diga llegando a las llanuras maravillosas de un mundo lleno de especies voladoras, reptiles y nadadoras, entre otras tantas imaginables en la buena cabeza de un sano humano artístico y creativo. Los llanos orientales colombianos que para muchas consejas previas al viaje por parte de los soportadores de la montaña capitalina, era un viaje complicado, ya por la carretera, por su diverso clima, por su gente de carácter, por la inseguridad de la guerra o la delincuencia, en fin, por el miedo de años de violencia o simplemente por desconocimiento de sus tierras, parecía que se iba a un viaje lejano e incierto. Pero nada más lejos de la realidad, ya que realmente lo único que pudiera compadecerse con tanta prevención es el estado de su carretera de acceso desde la ciudad capital, el resto, pura ficción. Un territorio como para perderse poéticamente si uno no fuera tan débil contra los accesos de la naturaleza, consecuencia de haber vivido en las ciudades desterradoras de todo lo que sea natural y salvaje, y para muestra un botón: Nos puede más un mosquito que un jaguar, coloquialmente hablando. Los llanos orientales curiosamente explorados por aquel don Gonzalo, que en su momento viajó y también descendió de la montaña buscando aún el codiciado Dorado. Al parecer hizo su incursión en 1569 con 400 españoles y casi 1500 nativos y un millar de caballos, sin olvidar 8 comisionados “cascos prelados” equivalente a los azules actuales en cuanto a su función; viajó por el camino del alto Sumapaz y llegó por el rio Guejar dirigiéndose a San Juan de los Llanos, y llegó hasta Atabapo en la confluencia del Guaviare y el Orinoco, de donde volvió dos años más tarde solo con 64 españoles, 4 nativos, 18 caballos y, curiosamente aún con dos “cascos prelados”. En fin, que don Gonzalo el adelantado ya había disfrutado hace años de las bellezas de las llanuras de Colombia, mucho antes que modernos exploradores y temerosos viajeros. Solo es llegar a Villavicencio y entrar a recorrer sitios como Acacías, Guamal y San Martín o Granada, hermana de la Granada de don Gonzalo. Tierras de blanco ambiente y calor agradable como una caricia suave de quien se ama. En las tardes las chicharras o grillos u otras clases que desconozco, hacen tal ruido que en ese momento sabes que el invasor es el género humano, nunca al contrario. Posiblemente se puede entender quien es la plaga y quien la naturaleza, cada uno que sienta lo que debe en cada encuentro con la verdad, con la potente y entendible naturaleza. Para un ser como el creado por las ciudades, dicho panorama es impresionante, y solo queda admirar a quienes como individuos humanos han logrado pertenecer armónicamente a la madre natura, viviendo y disfrutando de su vida en total comprensión de la fuerza imparable de la pachamama. Encontré en esta localidad del universo un placer excitante, un deseo de seguir permaneciendo en algo tan transparente como lo verde de sus praderas y la mirada de sus habitantes, de su aletear prevenido de saberse tierra que estuvo sumida en la violencia, y su zapatear reivindicador de un espacio de alegre arte y vitalidad intensa. Es un pulso eterno que se ve discurrir en medio de su rio climático placentero, en tardes suaves, en donde hasta las oficinas, sí, esos sitios de encierro productivo dicen, incluso las jurídicas, se sienten vivas y llenas de alegría sutil. En donde al atardecer, incluso en la ciudad, la gente se toma el tiempo para no huir corriendo a su casa, y ocupa sonrientemente las plazas y plazoletas, los parques y las calles. Esta sensación contrasta con las advertencias y miramientos de quienes aún ven en los llanos un sitio de posible violencia activa. Es cierto que el país se encuentra centrado en desactivar los dolores y daños que los actos violentos han dejado en su piel social. El llamado pos-conflicto y su gestión sigue estando sin empezar siquiera, ya que parece que aún se respira contienda por resolver. Sin embargo las personas que caminan desde y hacia sus destinos llaneros, son plácidos y alegres, con gestos de apertura espiritual, tal vez por eso no existe prevención real para los que desean conocer sus ciudades y pueblos, su naturaleza y biosistemas. Centros de conciliación, abogados, profesores, estudiantes, campesinos, vaqueros y toda una gama de personas con diversas vidas, confluyen en el ánimo de buscar la felicidad, el placer de sentarse y escuchar las chicharras despertando el sueño pronto de la noche, guardando en sus suelos la noche oscura y sus secretos. Maravilla de región con personas que hacen lo mejor por seguir siendo dignos de respetar la naturaleza que les rodea. Claro está que hay intereses e inversiones nacionales e internacionales que no dejan de traer contradicción y contraste. Por un lado traen inversión y desarrollo tecnológico y monetario, pero por otra pueden estropear el frágil equilibrio natural; y en el campo social, perturbar el equilibrio de producción de capital. Sin embargo, todos saben que es el mal de la producción del sistema de la plusvalía. Dentro de los tesoros de capital que se ven instalar, más allá del tradicional mecanismo de explotación petrolera, es posible que surja en este momento otros tipos de explotación, tal vez más sana y menos radical: el turismo. Todos deseamos conocer y recorrer sitios desconocidos, o por lo menos la mayoría de los seres humanos. Y los Llanos de Colombia, y en particular esta región del departamento del Meta, como se llama en Colombia, es un inmejorable sitio para conocer, viajar, aprender, compartir e incluso invertir para vivir allí. Un recorrido que sentí con dolor dejar de estar haciéndolo. Prometo prometerme tratar de volver, de respirar de las honestas palabras de sus habitantes, de su cariño blanquecino como las nubes más blancas para con quien llega, de sus manos creativas con el ganado y el campo saludando a la distancia a los desconocidos que pasan cerca de sus tierras; en fin, he vuelto a ver vivir y vivir viéndolo. Id al Llano o a cualquier parte del mundo con los ojos cerrados y el corazón palpitante, no tengáis miedo, ya que en todas partes habrá quien sufre y también ríe buscando lo que cada uno de nosotros necesita: Vivir en paz y felicidad con la intensidad del arte y el amor real. Atte; Al-Tour-ismo REDACCIÓN UNIÓN EUROPEA MARCO TULIO LUNA PHD. Internacional Centro Jurídico Internacional ICICI: INSTITUTO CENTRAL DE INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA INTERNACIONAL Redacción Europa. Marco Tulio Luna R. Contacto:

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