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SEMBLANZAS PANEGÍRICAS

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Por  Marco Antonio Luna

Los obstáculos, impedimentos, barreras o cortapisas son parte de lo que nuestra existencia caracteriza en su esencia, tanto que desde que se nace, en el sentido de surgir a la vida exterior a la progenitora (en un futuro podrá ser una máquina o incluso el hombre), desde ese momento parece que la vida es definida no por su facilidad de sobrevivencia sino por su contrario, es decir, por las dificultades y obstáculos que hay que superar para seguir existiendo.

En alguna casa de Garzón, departamento del Huila en Colombia, en algún sitio de ese paraje cálido de la geografía suramericana nació un gran periodista, un sensible y leal hombre que en su vida habría de superar sus obstáculos para seguir respirando vitalidad. Carlos Murcia Cadena, el periodista y humanista. Ese que desde que comenzó a ejercer su profesión siempre tuvo aguzado el sentido de la orientación informativa. Los que le conocieron dicen que siempre tuvo lo que en el argot periodístico se dice “olfato periodístico”. Una característica de su íntima forma de leer la realidad y a sus protagonistas. En el fondo lo que era en su manera de vivir se definiría como un analista sensible y profundo de las acciones del ser humano, un sociólogo periodista, un periodista antropólogo, un comentarista de la sicología de los seres humanos.

 

Su paso por el Espectador (Periódico de Colombia) le permitió estar en pleno uso de su vocación periodística y a su vez crear un estilo sencillo, simple, directo pero profundo, en fin un estilo propio. Su contacto con las diversas ideologías le permitieron tener una visión periférica completamente al estilo de la moderna realidad 3D o la realidad aumentada, y aún más, podría decirse. Carlos Murcia escribe y vive en medio de los obstáculos que la búsqueda de la noticia tiene en su palpitar, al igual que la búsqueda de una vida digna en la realidad humana de estas sociedades inventadas por los intereses mezquinos del propio fenómeno racional.

 

Posiblemente Carlos Murcia Cárdenas sabía de su cualidad para evitar los impedimentos, y por ello crea un medio especial con nombre particular para poder observar por encima y alrededor de las acotaciones que impedían la valoración de la propia realidad. Al estilo de quien viaja con escafandras en aguas profundas intelectuales, a metros bajo la prosaica superficialidad de los demás, en la búsqueda de los orígenes informativos, pero que igualmente sabe que en la superficie se encuentra otra realidad y debe ser consecuente en tanto en cuanto a la atención mesurada de los acontecimientos, es consciente de las profundas contradicciones deben conocerse y sopesarse antes de emitir informaciones y versiones. Así fue que creó PERISCOPIO POLÍTICO, que al estilo conceptual del periscopio original, un instrumento creado por Sarah Mather en el siglo XIX con el fin de observar el fondo marino que se convirtió, contrariamente, en especial para escudriñar más allá de la superficie, ha servido hasta hoy para ser un gran oteador de la vida política, social y cultural en toda clase de acontecimientos.

 

Murcia Cárdenas tenía en su vitalidad el hecho de mantenerse en el submarino que posiblemente refería The Beatles: “…we all live in yellow submarine…”; una realidad que debe mantenerse muy en boga hoy en día, cuando la humanidad parece acercarse más y más a sus orígenes: la violenta vida primitiva, sin razón y sin corazón. Sus referencias políticas eran el reflejo de la realidad sensible que sus manos traducía en palabras, y en comentarios sobre una pequeña pero representativa vida social y política del planeta. Aunque sus mentideros tradicionales no pueden ser seguidos nominalmente, se intuye que eran variopintos los espacios y circunstancias en donde surgían las informaciones, los comentarios, las cábalas y las opiniones del palpitar social y político de cada momento.

 

El reflejo de tan incesante y modesta labor se produce en sus escritos y reseñas, y en especial en su propia vida, en su día a día. La vida de las personas son el espejismo de las acciones que se proyectan sobre los demás, y al final, en conclusión, la vida es la reflexión constante de la pulsión diaria de cada uno de los seres humanos. En el momento histórico en que Cárdenas ejerció su influencia, sobre sí mismo sucedieron cosas que solo pueden atribuirse a la historia punzante en la que vivió. Igualmente su cotidianidad dio con la capacidad de comunicar emociones y sentimientos que, seguramente, encaminaron a otros, a aquellos que interactuaron con sus escritos y su quehacer tanto profesional como humano. Ningún ser social es único e irrepetible en su bondad o en su maledicencia, sí, es una aseveración que aparenta contradecir lo que tanto enseñan en las escuelas pías de éste mundo moderno lleno de Derechos y Discursos políticamente correctos que se van convirtiendo, cada día más, en los dictadores de antaño de una manera diversa, pero completamente intolerantes en sus planteamientos hasta llegar a ser absurdos e incomprensibles por su exageración. El ser humano no sabe de puntos medios.

 

Por lo mismo es que Carlos Murcia padre lograba que sus comentarios políticos no fuesen simple retorica espectacular, ni discurso seudo-filosófico, o simple palabrería política; al parecer era por su concisa visión y su simple, pero agradable, escrita que su columna era apreciada como un tesoro en medio de lagunas sin fondo de otros que preconizaban de “intelectuales”.

 

La vida de un ser humano, entonces, no puede ser producto de viajar en solitario. Los éxitos y fracasos, los anhelos y deseos, las obras y las inacciones, el paso a paso de la vida hacia la vejez y la muerte no es resultado de las proezas de un solo individuo, lo mismo que los reinados son el espejismo ególatra de la tiranía que hace creer que solo los poderes de superhombres o supermujeres han llegado a ser especiales. No, la vida en sociedad se hace precisamente en medio de ella, y gracias a que todos han colaborado, de múltiples maneras, para consolidar procesos y realidades (Cada pueblo tiene por resultado lo que ha construido). Carlos Murcia padre no fue la excepción a la vida social, por el contrario, vivió en ella y posiblemente de ella, de una manera que traducía en palabras y emociones a través de sus columnas y publicaciones. Pero a su vez era soportado y apoyado por su entorno íntimo, sus amigos y familia. Martha Vargas, su esposa y compañera ha sido baluarte de Periscopio Político también, así como todo el entorno emocional que gestó para Carlos Murcia padre el ambiente propicio y poder explayar su aguda visión de periscopio.

 

La desaparición física de Carlos Murcia padre no significó la pérdida de dicha cualidad política, es decir, la de la observación y su traducción en mensajes políticos, sociales y culturales mediante el arte de la pluma y la escritura, ya que había sido heredada por el hijo de Martha y Carlos Murcia padre. Carlos Javier Murcia Vargas, excelente periodista, redactor político del Nuevo Siglo, Diario del Huila y otros medios, continuó entonces con ese vórtice que aprendió y sintió de sus padres, siguiendo con alegría vital el diálogo sentido con la realidad, potenciando la vía digital de Periscopio Político como medio moderno y plural al servicio de todo el mundo, con lo que más allá de ser un excelso profesional es un ser humano especial y sensible.

 

 

De esta familia se puede decir que es la digna mirada hecha realidad, junto a una noble ilusión no solo por el sobrevivir, sino por ser personas que desean existir con los retos de compartir la existencia misma. Particularmente Carlos Murcia Hijo ha heredado esa bella forma de conducirse por la autopista de la vida, un hombre que es tan llano y encantador como profundo y analítico en su labor periodística y política. A su vez tiene un alma polivalente que comprende que la vida no es para agredir con su pluma a nadie por razón ninguna, que la sobrevivencia de algunos y la vida de otros no es motivo de critica destructiva, que la burla es un síntoma de inferior y malsano orden mental y energético solo digno de seres malditos, que el poder y las riquezas son el triste reflejo de quienes en su vanidad prefieren ser NO humanos por un minuto de gloria, que la dicha y la honestidad no son imposibles sino que son el día a día si se sabe ser llano y transparente de verdad y no de palabra solo. En conclusión, que Carlos Murcia Vargas es digno heredero de la intima y bella emoción de la vida enseñada por sus padres, y que su labor es honesta y pura en un mundo que muchas veces no valora sino el oro y el poder barato de la fuerza para lograr los sueños materiales. Que Carlos Murcia Vargas abre en Periscopio Político un mundo no solo político sino universal, ya que donde hay seres humanos que interactúan, se hace política; pero de esa política que solo puede ser reflejada por quien la hace, o sea, que hay buena política y mala política por quien la realiza y no solo por la política misma, pues no existe política sin políticos. Por consiguiente hay que mirar alrededor y no culpar a las políticas, sino a quien las hace. En Periscopio Político se refleja la buena política social gracias a que sus creadores han sido y son el mismo sol suave de una mañana alegre de sábado tranquilo, de vida y placer sin fanatismos ni resquemores.

 

PERISCOPIO POLIÍTICO es hoy en día una oportunidad para tratar de conseguir una luz en medio de tanta aparente luminosidad, de conseguir un sentimiento en medio de tanto discurso políticamente correcto, una opción en medio de tanto donde escoger, un pensamiento en medio de tanta palabra y palabrería sin humanidad, un referente en medio de tanta indicación, y en general, un simple y llano refugio donde descansar y sentir, sin temer no poderse expresar en libertad, respetando las diferencias pero nunca justificando la violencia ni la agresión en un mundo lleno de esas realidades de inicua devastación del ser humano por el ser humano mismo.

 

PERISCOPIO POLÍTICO agradece a la familia Cárdenas Vargas y a todos aquellos que han colaborado para que exista un remanso intenso y una intensidad calma de humana humanidad real y leal.

 

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