Columnistas

Algunas reflexiones de Darío Fernando Patiño

Por Darío Fernando Patiño

Muy pocas veces me refiero al trabajo de mis colegas .

Respeto lo que cada uno hace y trato de entender las circunstancias en las que cumplen su tarea. Hoy he quedado un poco confundido al leer los artículos publicados por la revista Semana en torno al crimen de la niña Yuliana y al perfil de su único sospechoso. El primero de los artículos se titula «Crimen y Castigo» y hace una serie de afirmaciones sobre Rafael Uribe que no logra demostrar

Lo presentan como «exitoso arquitecto» (qué hizo de destacable?), dicen que una «turba enfurecida intentó lincharlo» (hubo un grupo de personas que lo insultaban y algunos le lanzaron objetos, pero no es claro el intento de linchamiento. Tampoco lo es que se hubiera presentado una «asonada», ni que ‘los esfuerzos de una treintena de policías resultaron insuficientes para controlar a la turba’ como dice otro artículo de la revista, pues a él no le pasó nada) Lo llaman «joven arquitecto de 38 años» ( a esa edad ya no es tan joven) y en el relato se recuerda por lo menos 20 veces su título al atribuirle las acciones criminales, cuando ahí sería mejor usar solo el apellido o su condición de presunto delincuente. Aseguran que tenía «una estabilidad familiar que muchos envidiarían», pero no nos dicen por qué es envidiable. Se afirma que estudió «en los mejores colegios y universidades del país» (sólo lo hizo en el Gimnasio Moderno y en la Javeriana, que son buenas y reputadas instituciones, pero no estrictamente las mejores). Este artículo sostiene además «que se crió con todos los privilegios», algo muy complejo de demostrar porque nadie sabe cuáles son «todos los privilegios «. Más preciso sería «muchos privilegios »

Si uno leyera sólo este artículo (algo que puede suceder) podría quedarse con la imagen de «niño bien» que le atribuye la propia revista, pero si avanza un poco (cosa que no siempre se hace) se encuentra con un panorama completamente distinto.

El otro texto se titula, «De Rafico el bacán, al más abominable asesino». Y es un trabajo juicioso de indagación (al buen estilo Semana) sobre el «anormal» desempeño de este sujeto en su no corta vida. Es claro que tuvo poco de «exitoso arquitecto», que no vivía en un idilio familiar que muchos envidiaríamos y que así no hubiera cometido este horrendo crimen, ya había hecho cosas suficientes para considerarlo detestable y hasta peligroso.

 

Este segundo artículo contiene frases como las que cito:

«En el hogar  ninguno olvida cuando los padres se fueron de viaje por un mes y los tres niños quedaron en la casa de su abuela. Cada una de las tardes de ese mes Rafael se sentó en las escaleras de la entrada para esperar a su madre con un ramo de flores(…)

Su principal talento era no pasar desapercibido(…)

No era un estudiante brillante pero lograba sacar adelante los deberes académicos (…)

 

La del colegio fue una época de borrachearas intensas(…) con tragos se volvía un tipo fastidioso  y pesado (…) se graduó de bachiller con algunas anotaciones por conductas reprochables y una fama de galán arrollador.

 

Gracias a las palancas de los suyos se sumó a las fuerzas de paz del Batallón Colombia, en el Sinaí(…)

 

Ingresó a la Facultad de Arquitectura de la Javeriana donde su papá era decano. A tiempo que adelantó los estudios se hizo adicto a las drogas. Prolongaba las fiestas aspirando coca o ingiriendo ácidos(…)

 

Era normal verlo en cada asunto social con la chica de turno, con la que estaba saliendo en esos días (…) Tuvo lios con su prometida cuando esta descubrió que se ponía sus prendas(…)

 

Su familia le pagó un programa de desintoxicación, pero lo concluyó porque el lugar era frío y pensaron que Rafico estaría mejor en casa(…)

Hace más de un año, en una de sus prolongadas fiestas, logró ingresar a la apartamento contiguo y esculcó en el clóset de su vecina, una mujer mayor que no estaba en ese momento. Cuando esta regresó en compañía de su esposo, lo encontraron durmiendo la borrachera en su sala, luciendo algunas prendas de la mujer(…)

Se ha conocido que ya antes Rafael había visitado el barrio (Bosque Calderón), que una vez trato de acceder a una mujer y que había asediado a la niña a las que asesinó».

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