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Añorado amanecer para Colombia

Luego de la jornada de aplausos a la C. C. por el apoyo brindado a la paz que dejó con los crespos hechos a sus enemigos, al declarar exequible el umbral del 13 % que facilitará la aprobación del plebiscito, lo cual influenciará la legislatura en curso, en la que Arturo Yepes instó a sus colegas a “estar a la altura”.

A “Construir el marco normativo futuro de Colombia” con base a “las iniciativas que deberá presentarles el señor Presidente, relativas a la ejecución de los acuerdos de La Habana”. Crucial etapa que combinará la intensidad de los debates en pro y en contra de la paz, en los que sus amigos se ocuparán a fondo en su defensa, incluida la didáctica labor de ilustrar a la población sobre los beneficios y utilidad de lo que finalmente se acuerde, dado que “nada está acordado hasta que todo esté acordado” premisa que sigue viva. Defensores que deberán neutralizar la cruda y lóbrega campaña del elusivo Centro Demoníaco, acicalado con “camisas negras”, remedo (¿será?) de la divisa de Mussolini, quien a su vez parece la copió de las «camisas rojas» de Garibaldi. CD que no define aún si se abstiene o apoya el No -respaldo a la guerra- lo que implica asumir el riesgo de saber cuántos son. Abstención que por definición es alta y resulta incompatible con la “resistencia civil” invocada por la guardia pretoriana que aboga por capitalizarla. Oteando el 2018, el afán es deslegitimar la argucia de Santos de bajar el umbral, cosida al latente anhelo de vencerlo. Pero perderán por punta y punta.

Legislatura que le permitirá al amistoso y aplicado Arturo, brillar con luz propia al replicar al CD como lo ha hecho hasta ahora, apuntalado en su bagaje intelectual y entereza, fortalezas cotejadas por la acuciosa y fecunda labor desplegada -con lujo de competencia- desde la presidencia de la Comisión Quinta y plenarias de la Cámara, elogiada por sus pares, en la que plantó histórica impronta de buenos frutos en el agro, medio ambiente, minas y petróleos, pesquería y otros, aclamada igualmente por sus seguidores en las redes sociales, orgullo para quienes lo vimos crecer en el “Poder del Pueblo”, que tanto lucro y exposición le trajo al nostálgico cofundador. A propósito, a la ralea de videntes que predicen la derrota de Arturo, que es lo único que los apacigua, les recuerdo una incisiva frase de Séneca: “Proporcionalmente al número de los admiradores crece el de los envidiosos”.

En la legislatura de la Paz -a ciencia cierta, memoriosa-, cabalgarán a lomos del ruidoso tiempo, cambios jamás vistos en nuestra todavía embrionaria democracia, en algunos casos profundos, según lo anticipó el citado congresista de la tierra, un hombre activo, directo, generoso, honesto, humanitario y práctico; con samaritana voluntad de diálogo; sin miedos, ni rodeos, ni celos, ni odios heredados; sin frustraciones ni simulacros; inasequible al desaliento; con un genuino trato familiar; quien hace política de servicio las 24 horas del día, en provecho -no de sí mismo como otros- sino en favor de la provincia irredenta, de afligidos, pobres, mansos y sumisos, sin distingos de clase ni políticos.

Dirigente que hace bien a Caldas, que honra la función que presta, que combina lo bueno que debe tener un político leal, sincero, veraz, con vocación de servicio. Talante que distingue al austero, incansable, inmutable, propositivo y sensato Arturo, reserva moral, alejado de sinecuras. Pujanzas que ignoró -para decirlo sin eufemismo- el apegado, ávido e insaciable exjefe, quien en su nadería, cobró afanoso -quién lo creyera- el desmarque del revocado heredero.

Cesado decano al que hubo de arrebatar literalmente la antorcha para alumbrar su propio destino, luego de servirlo -como nosotros- por décadas, como valioso peón. Desengaño que lo obligó a fundar la “Alianza para el Progreso”, un mundo nuevo, cargado de esperanzas y sueños, horizontes, lealtades y hábitos sanos, cimentado en la enseña de su madre, cantera de sentido común, fidelidad y autoestima, corolario de la inercia ideológica del mayorazgo derrotado.

Preste de virtudes cívicas y olvidados valores, como la gratitud, retribución, igualdad de oportunidades lejanas del egoísta, estéril y desquiciado nepotismo, del respeto al afro, campesino, indígena, mundo sindical, animal, a la diferencia, a las minorías, a quien le irrita que el quehacer democrático se reduzca a atesorar riqueza, con olvido de la fecundidad de las ideas y el debate ideológico. Males que son en realidad muy viejos y de orígenes distintos, causa de la galopante degradación presente. Cada político es fruto de su circunstancia. En el caso del persuasivo amigo, sé que valora más la experiencia que la teoría.

Acobarda, acojona, asombra que el indómito “amo” del CD, consentido por una adiestrada y retadora elite, peregrinamente alucinada, ciega y tozuda -en el que el porcentaje por metro cuadrado es superior a la media- que desafían con agravios, sospechas, golpes bajos, unidos ahora a la fuerza bruta de hordas de camioneros, con banderas negras. ttp//www.pazificonoticias.com/camioneros-rechazan-manipulacion-de-su-propuesta-por-parte-del-uribismo/ (Ver link)

Mentes obtusas, faltas de doctas inquietudes y cordura, que miran por encima del hombro al resto de formícidos, excitados por una ideología laboriosamente jineteada por el apocalíptico “mesías”, sobre un collado de medias verdades y eslóganes vacíos, acogidos con preocupante naturalidad por errados quijotes, responsables de la disparidad entre hijos de la misma madre patria.

Avivados por un cabecilla que no puede hacer de su capa un sayo, roído por ciega, visceral e irrazonable ojeriza contra Santos, al que reprocha en tono airado, satírico e insultante -un día sí y otro también- con pasmosa y teatral arrogancia, con la mano puesta en el corazón y con irreflexiva y disparatada retórica contestataria -que castiga el hígado-, llegado al extremo de hacer el impensable y desafortunado llamado a incautos y crédulos, a hacer un plantón el 20 de julio en la Plaza de Bolívar, portando el pabellón nacional con una cinta negra, prueba de trivial duelo por la entrega del país, por parte del Gobierno al castro-chavismo, narcotráfico y terrorismo, “en pos del Novel de la Paz”. En su maniquea apostilla crítica la “leguleyada del Presidente de ajustar la trampa a la ley”. Notifica al pueblo que no queda más que la “resistencia civil” y la “erguida y decidida denuncia”, que infunde miedo y eructa pánico, rencor.

No se requiere ser Nostradamus para percibir la incontenible hostilidad -socapas de vengativo acaloramiento- que lo acosa, por no decir irracional, para no herir a sus gregarios. Realidad trocada en peculiar culto a la impudicia, disfrazada de bondadosa e indulgente, a fuer de errada militancia contra el Estado, autoridad y disciplina, derivas de un delirio tribal, cuyo riesgo, el país -estupefacto- apenas empieza a digerir el flujo incesante de la vetusta y destructiva divergencia, que no cesa de verter veneno, lo que intenta patentizar esta nota.

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