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¿CÓMO SE LLAMA EL AMIGO DEL DOCTOR?

Por: Luisa Natasha Corrales G. / Periodista

Hace una década, se habló de la imperiosa necesidad de modernizar los partidos. Desde 2002, cuando se empezaron a destacar figuras que acudían al formato de firmas para lograr sus aspiraciones políticas, empezó a hacer carrera la idea de que los partidos tradicionales iban a desaparecer.

El surgimiento de nuevas colectividades como el Partido Verde, La U, Cambio Radical y más atrás, el Nuevo Liberalismo y la Nueva Fuerza Democrática, fueron la antesala de esas tesis que en el presente, se desarrollan sin sintonía y con preocupante contundencia.

El desencanto de las militancias frente a sus partidos, hizo eco en sus dirigentes, quienes consideraron que la conformación de nuevas opciones políticas era la solución para retener esos votos y de paso para dinamizar las paquidérmicas colectividades que se resistían a dar el paso a los nuevos tiempos. La fórmula funcionó y las corrientes de opinión apoyaron esas nuevas opciones que hoy ya dan la pelea electoral, de tú a tú, con los partidos tradicionales.

Esto, para significar que el ejercicio de la modernización de los partidos, oxigenó el electoral ajustado a las demandas normativas, recreando el abanico político para darle a los ciudadanos la posibilidad de elegir entre varios, y no a los mismos de siempre. Pero una cosa es la oxigenación, el pluralismo y la modernización, y otra, que “los mismos de siempre” queden en el ostracismo.

La reciente convención conservadora, muy controvertida por cierto, dio cuenta de eso. Nada más motivante para los ciudadanos que gustan de la política y para los propios “godos pura sangre”, ver y oír nuevamente a sus dirigentes, en acción participando en sus

espacios de cara a los ciudadanos, organizando y conformando, dando línea, o por lo menos, encontrarse y reunirse en estas convenciones para debatir esos asuntos nacionales que hoy tanto aquejan al pueblo colombiano.

Pero no. A esta convención, fueron algunos del llamado “Club de Parlamentarios” pero para ungir a unas personas amigas -seguramente fuertes electoralmente en sus toldillas regionales-, quienes pasaron conformar el cuadro directivo de la colectividad, con el fin de demostrar que si es posible “desparlamentizar” ese espacio político en una estrategia colectiva que apunta a cerrar filas para las elecciones de 2018 y dedicarse a recorrer el país sin terminar cansados, dejando en manos de esos amigos, esos “temas administrativos”, mientras que “nos dedicamos a lo que toca”. Error.

Hoy los partidos requieren más que nunca, la voz y la presencia de los líderes naturales en vivo y en directo. La opción del “gobierno en cuerpo ajeno” en cualquier instancia, en una coyuntura como la que vive el país, da un mensaje que no cala en las ciudadanías que exigen presencia, respuestas ciertas, claras, nortes con los que puedan definir sus quehaceres.

La ausencia de los liderazgos en donde se debe tener presencia activa, denota síntomas de abandono, distancia, retirada, fin. Las convenciones son parte de la dinámica política, es el momento del contacto con el pueblo, y los directorios, son la puerta de entrada a la ciudadanía para acercarse a esos líderes. Son el espacio de atención al público, el primer momento de verdad de los electores. Es

ahí, donde deben estar los líderes, no los amigos de los amigos que puso el doctor. Reducir a cuotas políticas, como lo dicen los diarios nacionales en sus artículos, a una dirigencia que sí es todopoderosa, deja dudas sobre el impacto de la sentencia de la modernización y la participación: “En la lista de nuevos miembros del Directorio Conservador hay personas desconocidas en la política y en el partido. Ellos estarán representando los intereses de otros miembros de la colectividad. Es decir, el poder detrás del poder.( Diario El Espectador. Artículo Convención de Conservadores.Nov 28)

Esas notas descubren todo lo que la opinión pública ha rechazado de los partidos tradicionales, que en las actuales circunstancias, tienen, por ejemplo, la tarea histórica de dar línea y resolver temas como la paz, al cual se sumará en poco tiempo, la duda metódica de elegir en las próximas justas electorales a los nuevos miembros del Congreso y al nuevo inquilino de Palacio. La modernización entendida como nuevos agentes, sensación de cambio, renovación de ideas, sintonía con nuevos tiempos debe darse, es necesaria. Pero hay momentos para hacerla. En este, toca templar, estar en todas partes, multiplicarse y hacer presencia.

Una convención electora de un directorio conformado con los propios, “los duros”, el famoso “club de parlamentarios” ( que era la última instancia de las herencias de poder), en unísono al liderazgo natural, a los jefes únicos de partido, era lo ideal. Ahora no se puede gobernar en cuerpo ajeno.

Los que seguimos la política, quedamos con las ganas de esa foto magnánima e inspiradora del glorioso Partido Conservador, con sus militantes ovasionando a los oradores que, en otrora, alzaban la voz para hacer estremecer al país durante una semana entera. Quedó si, el registro de los gritos, las silbatinas, los puños y las rechiflas, entre contertulios que casi nadie conoce, y la gran pregunta para el nuevo directorio: ¿Cómo es que se llama el amigo del doctor?

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