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DE REGRESO DEL HOMO SAPIENS NEANDERTAL.

Por Luisa Natasha Corrales

Llegamos al punto donde nunca debimos llegar: la incivilidad. Si en algo nos hemos distinguido como raza humana (incluyendo los tan mentados reptillians), es que nuestra especie tiene al razonamiento como aquello que nos distingue de los animales, pero parece que esa distancia se está reduciendo significativamente y nos estamos acercando, sin más ni más, a nuestros ancestros neandertales, que en su primera etapa de evolución, llegaron a consumir carne humana y a utilizar los huesos de sus congéneres como herramientas para tallar útiles de piedra.

Consumir carne humana ya se da en Nigeria, China y Londres donde en una carnicería se descubrió que su tendero tenía carne humana para la venta. Repulsivo, pero el caso es menor frente al de Omaina Nelson, reportado entre otros casos por el portal Pijamasurf, donde relata que  luego de casarse con Willian Nelson en EEUU, soportó episodios de maltrato, golpes e incluso violaciones. Un buen día ella llegó a su límite y lo atacó, lo mató y lo cortó en pedazos pequeños, los cuales pasó por aceite en una sartén. Las costillas de su marido, las cortó, las bañó en salsa BBQ y se las comió.

Un ejemplo macabro, perturbador, de una frontera que ya traspasamos,  y que hoy abre el debate sobre la forma como debemos castigar a quienes se pasan los límites de la violencia contra personas indefensas sean niños o adultos, que han sido víctimas de torturas bajo todos los métodos: desde motosierras hasta la desfiguración por quemaduras, baños con sustancias químicas, descargas eléctricas, desgarres musculares, aplastamientos, ingestión de elementos cortantes, o  violación.

Ahogar y estrangular a una niña de 7 años hasta matarla, es un método tan bárbaro como el consumo de carne humana. No estamos lejos de eso, sin exagerar. Los casos que ilustra medicina legal sobre violaciones y torturas son aberrantes. La sociedad está pasando por su peor momento psicológico colectivo. El maltrato físico deja secuelas que evidencian comportamientos inadecuados, pero el maltrato psicológico no las descubre fácilmente. Personas resentidas, rechazadas, quienes han sufrido humillaciones, amenazas y agresiones verbales, van alimentando una especie de odio hacia otros que se manifiesta socialmente en las relaciones interpersonales y el comportamiento desmedido, cuando no logran controlarse con sus gustos o sus aficiones.

Basta ver las redes sociales y la forma como se expresan los internautas en temas que parecen plantearse para un desahogo personal y no para generar opinión alrededor de personas o asuntos de impacto social. La vulgaridad y el desprecio hacia desconocidos, el maltrato público hacia el buen nombre y la exposición a la vergüenza social, son actitudes manifiestas de que ya no estamos para socializar, sino para sobrevivir.

 

 

 

La política genera en mucho, esas respuestas. La impotencia de los ciudadanos frente a sus reclamos sobre corrupción, por ejemplo,  hacen que sean recurrentes los ataques a líderes y a opinadores por las redes sociales. El volumen desmedido de sus ataques verbales hacia las autoridades de gobierno, o de la clase política en general, es evidencia de ese neandertalismo social, que tiene todas las plataformas a su alcance.

No hay control. La sociedad está desbocada a una destrucción psicológica que toca todas las clases sociales sin tener en cuenta estrato social o nivel de educación. Lo que creíamos que era  allá en el sur, en los bares, en los sitios de mala muerte, en burdeles y en las calles llenas de mariguaneros desadaptados y gamines, ahora es en un apartamento estrato 6, en un jacuzzi, en una camioneta de alta gama, y no con marihuana, sino con sustancias psicoactivas que carcomen el cerebro.

Los científicos hablan del instinto de conservación que tenemos los humanos y que se manifiesta en pequeñas pruebas: Cuando nos acercan las manos a los ojos, tendemos a cerrarlos. Cuando caemos, siempre intentamos poner las manos para amortiguar la caída. Así, una serie de cosas cotidianas que hacemos, que explican esta conducta innata. Pero parece que hasta eso se ha perdido. Matar a una persona bajo los efectos de la droga,  demuestra que ni la vida de ella, ni la propia, son un asunto de interés para el victimario.

Así las cosas, congéneres humanos, estamos ante un debate más amplio que la castración o la cadena perpetua, que apoyo ampliamente, como asuntos con los cuales se lograría ejercer algún tipo control a estos comportamientos. El problema es social, estructural, de valores, de respeto, de amor a la vida. Los niños están siendo blanco recurrente de toda clase de vejámenes que van a llevar inexorablemente al fin de la infancia como etapa natural del ser humano. Tendremos adultos de 10 años, sin la necesidad de desarrollo cognitivo, ni físico, ni psico afectivo. Eso lo están aprendiendo a los golpes, y cuando puedan salir a la sociedad a generar vínculos,  lo harán con violencia, como lo aprendieron de los grandes, en su casa, de extraños, del vecino, del tío, de los amigos.

Ya no hay instinto de conservación para preservar la vida, la especie, es para eliminar al otro, al opositor, al que no está de acuerdo.  Pasamos por encima de la voluntad suprema de Dios y regresando a la época de las cavernas. De regreso al homo sapiens neandertal.

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DE REGRESO DEL HOMO SAPIENS NEANDERTAL.