Nota Política

EDUCACIÓN: UN PROBLEMA CONTINENTAL.

Por Tomás Andrés Murcia

No cabe duda que uno de los problemas más delicados que atraviesa Colombia y otros Países Hispanoamericanos es el de la Educación, tanto familiar, social y estatal. Es así que lo que otrora fue un mundo dedicado a las imposiciones catedráticas hoy en día viene dando una evolución que toca incluso con aspectos esenciales de la intimidad humana como la sexualidad y el trato a nuestros semejantes como puntos esenciales de una nueva sociedad.

Nuevas estructuras socioculturales que viene ganando terreno en el ámbito social, requieren de un trato menos discriminador y ganar mejores espacios en la aceptación que nuestras sociedades deben propender ante todas las expresiones humanas.

No obstante a ello, y en el entendido de que esta “nuevas expresiones” pretendan imponer sus condiciones de algún tipo, siempre generaran el rechazo unánime del conglomerado social al que pertenecen. Sin duda alguna romper los paradigmas sociales siempre será lo más difícil de conseguir en una sociedad de un momento a otro.

En Colombia, producto de la inmadurez con la que algunos dirigentes han llevado este tema a los escenarios públicos se ha venido produciendo un cierto tipo de división social en el entorno de la educación que se debe brindar a nuestros menores, incluso con graves repercusiones políticas en el entorno de las pugnas de poder que este atrae constantemente.

La educación no debería ser un problema en una sociedad bien constituida o por lo menos con buenas bases en la formación de sus infantes. Vemos como los Países de mejor calificación en temas educativos, esta no se centra en el aprendizaje catedrático fuerte de sus respectivos pensum, sino que a los niños desde sus primeros momentos de contacto con el sistema educativo se les permite el pleno goce de las libertades y se les enseña valores de respeto hacia los demás, orden, amor y respeto a su entorno natural y social, entre otros que resaltan sus futuros comportamientos en sociedad. Por eso, antes de enseñar los números, las vocales y demás es necesario que las competencias educativas se enfoquen es aspectos de la personalidad del menos como su formación y respeto en general.

Una de las grandes preocupaciones que como ya se señalo en líneas anteriores aquejan a las nuevas sociedades son la formación a quienes en el mañana llevaran la batuta del orden social en nuestras regiones, por esta razón consideramos que el pretender imponer culturas de algún tipo o el de hacer énfasis en confusiones sexuales a nuestro menores, resultan fuera de todo contexto educacional. Lo primero que se debe enseñar a los niños es el respeto y las diferencias que existen entre todas las personas antes de confundirlos con asuntos genitales.

En nuestro País perdimos una gran oportunidad para dar e involucrar en una discusión a todos los estamentos sociales, políticos, religiosos y otros que hubieran podido diseñar una verdadera estructura educacional que pudiera en algunas décadas entregarnos una mejor sociedad asentada en valores de respeto, responsabilidad y amor a nuestro entorno, no obstante se tendrá que dar en algún momento, eso sí sin que quienes dirijan estos estamentos demuestren preferencias dirigidas a imponer sus condiciones personas de algún tipo.

Recientemente el diario el País de España publico un artículo interesante que demuestra las falencias educaciones que hemos implementado en el pasado a nuestros menores, al igual que las discusiones se deben dar sin ningún tinte politiquero ni mediático sino con el orden serio que amerita tal vez el problema de mayor importancia para una sociedad. Así como las responsabilidades que con solo como sociedad y familia tenemos en la educación de nuestros menores. El citado artículo dice lo siguientes: “La leyenda, más que urbana, doméstica, existe: los deberes los hacen los padres. No los míos, desde luego. Ni tampoco los suyos, si compartimos generación. Cuando nosotros éramos niños, las madres, que eran las que solían estar en casa, no estaban muy pendientes de ese asunto. De vez en cuando, se oía la célebre frase “¿no tienes deberes?” en un tono rutinario. Éramos, para bien o para mal, más independientes; para bien o para mal, nuestra primordial misión en la vida como niños era no dar guerra. Y aprobar. Una vez que nos tocó ser padres y madres, en ocasiones, divorciados, vivíamos nuestro papel con culpabilidad, y sí, les hicimos algunos deberes a nuestros niños. Que tire la primera piedra el que no lo hiciera. En mi caso, como mis cualidades pedagógicas son nulas era como que terminaba antes si lo remataba yo. No siempre me pusieron buena nota, la verdad sea dicha.

Urge que los políticos hablen de educación y dejen polémicas banales

Ahora me cuentan amigos más jóvenes que las criaturas andan agobiadas por el volumen de deberes a los que han de enfrentarse cada tarde. A eso se suma que con los disparatados horarios españoles, las madres o los padres ya no están en casa para aliviarles el trabajo. Dado que el asunto ha llegado al Congreso de los Diputados, de lo cual me alegro (es urgente que los políticos hablen de asuntos como la educación y dejen de embarullarnos con sus polémicas banales), se me ocurre que hay una sociedad que tiene una serie de deberes pendientes y más aún con los resultados aún calientes de la evaluación Pisa. Apunto algunos:

Los padres tienen el deber de educar a sus hijos en la medida de lo posible, para que el profesor pierda menos tiempo en corregir unos modales que dificultan la enseñanza; la sociedad en sí misma tiene el deber de entender que la buena educación diaria, en la calle o en el trabajo, es formativa, que la cortesía es tan contagiosa como la zafiedad; si antes aceptábamos que la educación de los niños correspondía a la sociedad en general y no solo a papá o a mamá, ahora debería comprenderse que el aumento de la grosería y la violencia verbal contribuyen a cómo se comportan los niños; el Gobierno y la oposición tienen el deber de racionalizar los horarios para favorecer la convivencia familiar; los padres tienen el deber de no sobrecargar a sus hijos con un exceso de actividades extraescolares que a cualquiera de nosotros agotaría; los niños tienen el derecho inapelable a jugar; los adultos tienen el deber de favorecer el juego en la calle; los niños tienen el deber de aburrirse, y los padres, de no provocar en sus hijos una necesidad constante de novedades; los padres tienen el deber de no sobreestimular a los niños favoreciendo un carácter ansioso e impaciente; los profesores deben serlo por vocación, no es un oficio que tolere las medias tintas; el Gobierno no debe sobrecargar a la educación pública con las necesidades provenientes de la inmigración, es un asunto que concierne a toda la comunidad educativa, privada, concertada o pública; el Gobierno debe entender que es urgente y necesaria una asignatura que aborde los derechos y deberes de la ciudadanía; los centros no deben tolerar las faltas de respeto a los profesores por parte de los alumnos; los padres no deben tolerar que sus hijos ofendan a sus profesores; los padres no deben hablar de manera displicente de los profesores delante de sus hijos; las tutorías, más en estos tiempos, deben considerarse parte fundamental de la actividad escolar; las asignaturas creativas, como la música o las artes plásticas, no deben relegarse al horario extraescolar como si no sirvieran para nada; los niños tienen el derecho a ir bien desayunados al colegio; los padres, los profesores y los médicos deben entender que hay niños que sufren ansiedad y la ansiedad no precisa medicación sino un ritmo social distinto; el estado debe asumir que la escuela tiene que seguir siendo el mayor mecanismo de igualdad social; el sistema educativo debe insistir en que los niños aprendan a expresarse con claridad y a comprender un texto, de ahí depende en gran parte su futuro; la educación debiera ser uno de los temas prioritarios del discurso político; los profesores deberían de tener más tiempo para desarrollar sus clases y no vivir esclavos de la burocracia.

Cargar sobre el profesorado el que los niños sean excelentes es injusto

Todos deberíamos entender que un niño no se educa solamente en el colegio y que los resultados académicos son un reflejo de lo que está ocurriendo en un país: el nivel de educación en la calle, en los medios, la ansiedad que provoca la falta de expectativas, la agresividad, los malos modos, las palabras gruesas. Eso importa. Cargar sobre las espaldas del profesorado el deber de que los niños sean excelentes es injusto. Los cachorros se educan en la manada, así que usted y yo, como parte de ella, también tenemos un montón de deberes que hacer.” (Diario El País “cultura”.).

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