Nota Política

EL BAILE DE LOS QUE SOBRAN

Por Luisa Natasha Corrales

Para los ciudadanos “informados” que ven noticias y leen periódico, resulta inquietante que la guerrilla del ELN no de su paso definitivo al diálogo de paz que se ha propuesto para alcanzar la paz completa.

De las condiciones de los elenos, se conoce la propuesta de indulto para dos de sus camaradas que hoy se encuentran en reclusión. De las condiciones del gobierno se conoce la liberación de Odín Sánchez que ya cumple 9 meses en poder de esa guerrilla. Pero ninguno parece ceder. Por redes sociales, los cibernautas hablan de cosas adicionales como pagos por la liberación, condiciones de negocios con la minería ilegal, y garantías de toda índole que serían exigidas por el ELN para dar el paso a la mesa.

Los colombianos estamos a la espera de que no solo se abra la ventana de la paz, sino la puerta, y que se sienten de una vez por todas porque la comida se está enfriando. Y frio, es feo. Desde la ventana, suena a serenata y mientras se oyen propuestas de paz, sí se escuchan ráfagas de bala y así, difícil que este grupo guerrillero se incorpore a la vida política y civil que les espera – como dicen los jocosos post en Facebook- con impuestos, IVA y EPS, tal cual es el día a día de los colombianos de a pie, en lugar de seguir en sus andanzas. Eso, fuera de chiste, es lo que indigna a los opositores del proceso de paz: la propuesta de reincorporación a esos bandidos “con todos los juguetes”, mientras 2 millones de compatriotas están sin trabajo, pasando hojas de vida, o estudiando para prepararse en su competencia al mercado laboral.

Realmente, poco se conoce sobre la suerte de quienes han dejado las armas. Algunos de la mano de programas de gobierno y empresarios, logran sacar su vida adelante, con sus pequeños negocios o siendo parte de alguna nómina industrial o empresarial. Otros, quedan a la deriva por un tiempo y se incorporan al mercado informal. En menor proporción, -los más fieros- se van para la delincuencia urbana a enseñar lo que aprendieron en el monte y a reclutar personal para formar sus propios grupos o hacer parte de nuevas estructuras delictivas como las bacrim, que los reciben sin hoja de vida y pagan de a millón.

Según los análisis del sistema de amenaza persistente que manejan las FFMM, se da por descontado que las disidencias terminan convertidas o unidas a reductos del narcotráfico y la minería ilegal. Pasan de grupos armados organizados, a grupos delictivos organizados y en ese tránsito continúan alimentando la cadena de criminalidad que deja en promedio ganancias de 2 a 7 billones de pesos a cuyas estadísticas se vinculan las de las mafias del robo de celulares, cuyas estructuras también hacen parte del mapa de estrategia militar. El plan de campaña contra el crimen organizado ya tiene leídas esas acciones, por eso nadie baja la guardia. Y en ese enfoque, el sistema de seguridad nacional continúa sus actividades de protección a la soberanía y en firme con el apoyo al Estado en este proceso de paz que en lo militar ajusta sus estrategias sin ceder un milímetro en los protocolos permanentes.

Con las FARC las cosas son distintas. La puerta está abierta. Pero también será necesario ajustar, porque el baile navideño no tuvo buen recibo. Se equivocaron de parejo y eso dio para magnificar el furtivo encuentro en una zona de verificación.

 

Pero si no se puede bailar, y no se puede disparar, entonces ¿qué se puede hacer?. En la mente de un combatiente será, por decir lo menos, desesperante que ni para allá, ni para acá. Que desde Bogotá no hay razón: que esperen, que muévanse, que todavía no, que no se pudo. Y para los funcionarios y verificadores, no será lo menos. Una cosa es lo que vemos en televisión y otra lo que pasa en el terreno.

Es la primera vez que se hace un operativo semejante en nuestro país y para ese efecto es mejor para tener la certeza de que están todos en jolgorio, y no volando pueblos o masacrando campesinos. El paso a la paz no solo requiere de paciencia sino de tacto, porque si no. veremos el mismo baile, pero al son de “El baile de los que sobran”, donde nadie los va a echar de más, donde nadie los quiso ayudar de verdad.

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