Nota Política

EL COSTO DE LA DIGNIDAD PROFESIONAL

Por Luisa Natasha Corrales

Esta mañana, un connotado periodista comentó en su perfil de Facebook que el tema de la próxima campaña electoral, será la corrupción

Sin duda alguna, es el problema que más aqueja a Colombia no solo por el aprovechamiento de recursos en beneficio privado sino la que es considerada como un fenómeno social que se resuelve en espacios sociales, de relaciones y lógicas que permiten todo tipo de comportamientos en la onda de la modernidad y el libertinaje. Esas corrupciones están dando paso al delito común, al abuso, al aumento de prostitución, a las drogas y todo aquello que también encuentra justificación desde el ámbito económico dentro del sistema social.

El bajo poder adquisitivo de los colombianos, empodera las actuaciones corruptas, el dinero fácil y fenómenos más perversos como el rebusque. Los colombianos somos rebuscadores, pero el rebusque no es otra cosa que una expresión de corrupción económica y social porque no permite la dignificación de los oficios. Vendedores ambulantes, vendedores de minutos, loteros, lustrabotas, ciclotaxistas, recicladores y otras actividades de calle, están condenadas a la misma suerte.

Pero para los profesionales la cosa no es muy distinta. Luego de pagar millones semestrales pagando universidades, el desempleo y la falta de oportunidad hacen que su talento migre a otras actividades informales, o peor aún, que regalen su trabajo por menores costos con tal de asegurar la entrada económica para lograr reunir por lo menos parte de sus gastos.

Estudiar una carrera profesional es un consumo de lujo. Matriculas de 12 millones de pesos semestrales o 48 millones para maestrías son tarifas que hacen imposible el acceso a las especialidades o al título profesional. Los padres de familia deben recurrir a lo que sea para realizar esos pagos y si son 2 o 3 hijos, el asunto es más complejo. Deben recurrir al rebusque de la contratación, con 3 o 4 clientes para reunir 20 o 30 millones mensuales y poder pagar: universidades, colegios, salud, transportes, servicios, impuestos, alimentación, recreación y otros imprevistos.

Todo ello nos lleva a la reflexión de que es necesario reconsiderar la forma como se hacen los reconocimientos económicos a los profesionales. No es posible que sigan regalando su trabajo, en detrimento de la profesión. Sueldos de 1.5 o 2 millones de pesos por nóminas no hace honor ni al esfuerzo profesional, ni a la realidad económica del país.

Un ejemplo revelador es el pago a los periodistas. Me he encontrado con que su trabajo profesional es poco reconocido y mal remunerado. Salarios de nómina que no superan los 3 millones de pesos para personas que ejercen jefaturas de prensa, o de millón para reporteros de medios. Eso, sencillamente, no tiene presentación. ¿Acaso es que sus resultados no son los correspondientes a las expectativas?, ¿acaso no saben realizar la labor?.

La experiencia es una medida imprescindible en la valoración profesional. Pero a esa experiencia se está anteponiendo la edad, y si es joven, es barato y hace todo por la mitad. Una manera malévola, siniestra, deplorable, y patética de acabar con una profesión, porque no solo denigran con la vida del profesional, sino de paso, demeritan el ejercicio de la disciplina que, como la medicina, el derecho y la pedagogía, inspiran sus principios en un solo valor: la vida. Formar personas, defender sus derechos y salvar su vida es tan valioso como informar.

Las sociedades se nutren de información. La responsabilidad de ser fuente de noticia y generar contenidos influye en el tejido social, en la existencia de la sociedad como colectividad, en el sostenimiento de sistemas políticos, democráticos, y en la garantía del individuo como ser social. Si la persona responsable de la información no cuenta con las garantías económicas para su bienestar, se obliga a entrar en el círculo del rebusque: contratos con muchas fuentes para reunir los 20 o 30 millones mensuales que debe facturar, sí o sí.

Si en cambio, tuviera buena remuneración, se dedicaría a una sola cosa, con excelentes resultados, sin estrés, reuniendo lo que necesita para sus pagos, y trabaja con mayor sentido de compromiso, no por negocio. El caso es más común de lo que imaginaba. En otros tiempos, a eso se le llamaba “sobre”, una actitud vergonzante de conseguir apoyos económicos adicionales a causa de la pobre remuneración por parte del medio de comunicación. Hoy, son asesorías que de manera aleatoria se realizan a destajo; una rutina maligna alimentada por el propio sistema.

Pero quien paga barato, recibe resultados igualmente mediocres. En la onda de las redes sociales, hay Community Manager que sólo hacen 4 trinos y ya. Y en eso se les va todo el día. Pero claro. Por un millón de pesos, yo tampoco haría más.

La dignidad laboral no es un capricho. Es un deber íntimo con el valor personal, con la familia, con los colegas, con la sociedad. No es posible que se siga fomentando el conformismo de mi primer millón, porque como la canción, eso solo alcanza para comprar una casa donde cabe tu corazón.

 

Un jefe de prensa de entidad no está por menos de 8 millones de pesos si es por contrato: por nómina llega a los 5 millones.  Un CM ( Community Manager) está por 1.8; debe pagársele mínimo 3.0 si tiene experiencia, sabe de diseño, métrica y hace marketing digital. Y los años de experiencia cuentan tanto como sus títulos profesionales. Si la asesoría es para un político, mínimo se le pagan 4 millones porque el profesional debe conocer la dinámica política y generar estrategias además de ejecutarlas y responder por la imagen pública del asesorado.

 

En tiempos de campaña, dependiendo de la campaña, debe cobrar desde 2 hasta 8 por contrato para distintos niveles: edil, concejo, cámara, senado, presidencial. Todo ello incluyendo los componentes de estrategia, redes sociales y free press, que no consiste solo en enviar comunicados de prensa. Las de Senado y presidenciales, tienen consultorías extranjeras o agencias de publicidad y por ese rubro se facturan millones de pesos, pero el trabajo de base, lo hace adivine quién.

 

Así que tomemos atenta nota. Todo sube, desde los sueldos, hasta la dignidad profesional. Lo demás, es plan de medios: centímetro por columna, minuto en radio, en tv, pauta. Si las empresas supieran lo que se ahorran con buenos profesionales, el escenario sería tan distinto.

 

 

 

 

 

 

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

EL COSTO DE LA DIGNIDAD PROFESIONAL