Entrevistas

“Esos astronautas me salvaron la vida”

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Rodolfo Muñoz, un agricultor del municipio de Pitalito que estuvo al borde de la muerte tras contagiarse de coronavirus, narra para LA NACIÓN cómo fueron esos angustiantes días. “Yo juraba que eso no me iba a dar”, señala.

¿De dónde es usted?

Nací en Bogotá, pero desde los 10 años de edad he vivido en el sur del Huila.

¿Cómo ha transcurrido la vida en el campo?

La vida en el campo es incomparable, esa tranquilidad que se vive, a cualquier momento usted tiene un amigo al lado.

Y la pandemia, ¿Cómo se ha vivido?

Inició con mucho miedo, poca gente, unos pocos contagiados, pero poco a poco se ha ido presentando el aumento.

¿De qué manera ha sentido que lo ha afectado la pandemia?

Primero, fue el tema que no nos dejaban salir. La prohibición para la movilización de las personas ha hecho que el comercio y todo lo que vivimos se sienta bastante mermado. Estamos bastantes golpeados económicamente, pero con la esperanza de salir más adelante porque poco a poco con la reactivación que ha hecho el Gobierno se nota un poco mejor el tema. Aquí nos ayuda mucho la cosecha cafetera que de todas maneras es un dinero que mueve los mercados.

¿Cómo se contagió?

Yo me cuidaba mucho, con mi tapabocas, la distancia social, el alcohol, el gel, todo era a diario, yo no me movilizó casi de la finca, solo por la venta de cuajada y sólo los lunes iba a Pitalito, y estaba muy tranquilo, confiado de que yo me cuidaba como el mejor, cuando de pronto me dio ese mal, se me prendió, no sé ni cómo, ni a qué horas, ni quien, yo no toco a nadie, ni me hablo con nadie, el contacto que tengo al comprar en una tienda, al que me le cruzo en un lado pero rápido para guardar el distanciamiento, si estamos comprando arveja, pues toca esperar que él acabe y yo continúo con la compra, pero de todas maneras no valió, y me contagié.

¿Qué síntomas tuvo?

Me di cuenta porque lo primero que me dio fue un pequeño escalofrío el primer día, pero no le puse atención, así como un pequeño ardor en la garganta, y al otro día tuve fiebre y le eché la culpa que me había picado un mosco y yo juraba que eso no me iba a dar y le echaba la culpa a todo y que por eso estaba enfermo, pensé que tenía dengue, y como vi que me picó un mosco, pensé que eso era. Y resulta que al tercer día, entré en una crisis terrible de escalofrío incontrolable y aparte de eso, esa sensación que usted quiere botar el mundo por la boca, eso que se llama náuseas. Me llevaron al hospital, y con la ayuda de mi hermana y mi prima Diana Muñoz, la gerente del hospital, que muy gentilmente me ayudó, me llevaron, no me dejaron entrar cuando ya me pusieron oxígeno, porque iba con insuficiencia respiratoria, de una vez me pusieron una bata y me llevaron para la UCI, ahí duré cinco días, y empezó la gente a orar por mí. De un momento a otro empecé a sentir que me podía salvar. Veía todo el tiempo gentes con caretas y ropa especial, pero esos astronautas me salvaron.

¿Qué le diría a quienes aún no creen en el virus?

Eso es como el dicho huilense: “a cada marrano le llega su San Pedro”. Que no crean que no les llegará. Si pueden contar con Dios maravilloso o que glorifiquen al Señor en los cielos.

¿Sigue en aislamiento?

Me dijeron que ya podía salir, pero me dicen aquí en la finca que guarde más convalecencia, no sé por ahí otros 8 días creo yo.

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