Entrevistas

“Hacemos un llamado a la responsabilidad, a la esperanza y al compromiso de unos con otros”


A propósito de lo que se está viviendo el país con la crisis de la pandemia, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Óscar Urbina, dijo en entrevista que la salud es un derecho más que un negocio. También habló acerca de la Semana Santa que se inicia. 

«Hacemos un llamado a la responsabilidad, a la esperanza y al compromiso de unos con otros» • La Nación

¿Este Domingo de Ramos cuál será el mensaje de la Iglesia católica?

Con el Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa que tiene en este día su prólogo. Luego vendrán los tres grandes días: Jueves, Viernes y Sábado Santos, que culminan en el Domingo de Resurrección. Así, se abre la puerta a la ‘Pascua’ que es el corazón de nuestra fe cristiana; celebración que se prolongará durante 50 días hasta la solemnidad de la venida del Espíritu Santo conocida como Pentecostés. Este domingo, en el que no veremos en las calles procesiones multitudinarias de fieles agitando los ramos con la fuerza de la fe, sino que expresaremos desde nuestro corazón en nuestras casas la disponibilidad de seguir a Jesús, la Iglesia nos invita a que vayamos a lo fundamental, y lo fundamental es rescatar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor. Que este acontecimiento mundial que estamos viviendo, que nos impide participar en las celebraciones en nuestros templos, en nuestras calles, lo podamos vivir desde la fe para fortalecerla. Ante este momento difícil que estamos viviendo, los creyentes tenemos un compromiso muy grande con nuestra sociedad, para que después de este tiempo duro, complejo, trabajemos unidos por un mundo más justo, más fraterno, más humano y reconciliado.

¿Cómo se va a desarrollar la Semana Santa de manera virtual?

Será una Semana Santa ciertamente muy especial, porque no solo se vivirá en casa, en familia, sino que la tecnología de los medios de comunicación tradicionales y digitales, así como las redes sociales, aplicaciones y distintas plataformas virtuales, serán claves para vivir una comunión espiritual de los feligreses, reunidos en sus casas, con la parroquia. Es decir, aunque los templos estén cerrados y a los obispos y sacerdotes nos toque celebrar los distintos momentos litúrgicos sin presencia de fieles, gracias a estos medios masivos estaremos unidos como Iglesia viva sintiendo la fuerza del Espíritu de Dios entre nosotros. Así, aunque el mensaje llegue virtual, no deja por ello de ser real, vivo, cercano y compartido. Creo que vamos a tener una Semana Santa que, si la quisiéramos luego evaluar, muchos tendremos que decir: “la viví con mucha intensidad”. Se trata, pues, de sentir que lo más grande que tenemos es a Jesucristo, vivo, glorioso, resucitado, y es a él a quien vamos a celebrar en estos días santos. Él, que ya pasó por la muerte, nos ayudará a pasar, como lo dijo el Papa Francisco, al otro lado del lago, juntos, en la misma barca, con los sufrimientos, las angustias, las desilusiones que podamos tener en el corazón, pero él va ahí presente en esa barca, nos alimenta, nos acompaña, especialmente con la Palabra de Dios.

¿Qué va a pasar con las procesiones?

Las procesiones son expresiones públicas de la fe. Pero, por las circunstancias que vivimos, este año no las podremos realizar en la Semana Mayor, pues hay que acoger con rigor las medidas dispuestas por el Gobierno y por las autoridades de salud. Confiamos en el Señor que esta lamentable situación pasará y podremos regresar a los templos y a las calles a celebrar y expresar nuestra fe con mayor fuerza, con mayor devoción, porque cuando uno tiene algo que aprecia y se lo quitan, después lo valora más.

Sobre la pandemia:

¿Cómo debemos afrontar la pandemia los colombianos?

Desde la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) hemos hecho un llamamiento insistente a la responsabilidad, a la esperanza y al compromiso de unos con otros. Si yo amo mi vida, entonces cuido, valoro y respeto la vida de los demás. Ese tiene que ser el punto de partida: valorar la vida, el tesoro grande y maravilloso que Dios nos dio junto con nuestra libertad. Así, aunque lo que se me pide sea complejo, y a veces difícil o incómodo, sé que lo cumplo por mí y por mis hermanos.

Ante esta crisis ocasionada por el Covid-19, ¿qué reflexión podemos hacernos los colombianos?

En primer lugar, rescatar el sentido profundo de ser una sola nación con sus diferencias, con la riqueza de sus regiones, con la riqueza de su pluriculturalidad y con la riqueza de los pensamientos diversos, entendiendo que lo diverso no impide la unidad. Creo que esto que estamos haciendo de unirnos, no solo como familias, sino también como vecinos, como ciudadanos de un mismo municipio, de un mismo departamento, de toda una nación sintiéndonos una sola familia, es lo que nos va a permitir crear un proyecto común de país, como lo hemos venido insistiendo desde la CEC.

En estos momentos hay que reconocer que Colombia está dando un paso importante para superar las polarizaciones y las diferencias mezquinas, para madurar una visión grande de país que nos permita, en ese horizonte, caminar juntos hacia una nueva etapa de nuestra historia. Por eso, es importante que todos tomemos conciencia de que es una oportunidad para rescatar lo fundamental, es decir, la acogida de unos con otros, el cuidado de la vida y que la persona sea realmente el centro de la economía, la política y la vida social.

Una es la crisis de la pandemia y, otra, la crisis económica que sigue después. ¿Cómo afrontar esa crisis posterior?

Si aprovechamos ahora la oportunidad de rescatar el sentido comunitario, eso nos va a ayudar mucho. Pasaremos por momentos difíciles, complejos, pero ya nadie nos podrá desprender de las necesidades del otro, no podremos ser más indiferentes y, así, nos esforzaremos todos para procurar que la economía esté al servicio de las personas y no de los bolsillos. Creo que será una lección muy grande que no necesitará teorías, porque la hemos vivido en la práctica.

¿Qué reflexiones deja esta crisis en el tema de la salud?

Que la salud es un derecho más que un negocio. Por eso, los que son responsables en este momento de toda nuestra nación, tanto en lo político como en lo económico y lo social, deben asumir con un alto sentido de compromiso el reto de que no puede haber un colombiano sin acceso a este derecho fundamental. Esta situación de emergencia sanitaria que estamos viviendo sugiere un replanteamiento del sistema de salud que hemos traído.

 Sobre el ELN:

¿Cómo analiza Usted el panorama que se abre con la posibilidad de un proceso de paz con el ELN?

Reconozco los pasos que se han dado en estos días. De hecho, en un reciente comunicado, los obispos de Colombia expresamos ante el anuncio de un cese unilateral de hostilidades de parte de la guerrilla del ELN, que lo recibíamos como “una esperanza de alivio para el pueblo colombiano”. Sin embargo, quiero enfatizar que lo más importante es que se humanice el conflicto, es decir, que por la humanización las comunidades, que son las más vulnerables porque se encuentran donde ahora está establecido el conflicto, puedan tener una vida más humana, más digna y en paz. Lo merecen, lo necesitan, tienen derecho a ello. Por eso, es la humanización la que tiene que estar en el horizonte hacia donde nos dirigimos, y el camino que nos conduce a ese norte es el diálogo, porque cuando se dan las condiciones para el diálogo y éste es acogido por las partes implicadas, renace la esperanza de la paz. El diálogo es el camino de la paz.

¿Cuál será el papel de funcionarios como el procurador, el contralor y el fiscal, en todo este proceso?

Ellos son los defensores de la sociedad civil en los aspectos que corresponde a cada una de estas instituciones. A ellos les corresponde asumir la misión encomendada por la constitución colombiana: ser defensores de la sociedad civil.

 Sobre Asamblea plenaria de julio:

¿Quedará aplazada la asamblea plenaria de obispos programada para el mes de julio?

Nadie, en estos momentos, sabe todavía los tiempos que tenemos que recorrer. Nos adaptaremos a ellos. Nosotros como pastores estamos atentos para responder a la nueva dinámica que debe emprender el país después de este momento. Lo importante es que no perdamos la fe. El ancla es nuestra esperanza, y el camino para apoyarnos unos a otros es el amor que se vuelve solidaridad, cuidado y servicio a los demás.

 

 

 

 

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