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Indignidad en el ejercicio del cargo

Arturo Yepes Alzate
Richard Nixon, presidente de la nación más poderosa del planeta, renunció a su cargo para salvaguardar la limpieza del cargo más importante de La Tierra.

Años después, otros inquilinos de la Casa Blanca se aferraron al puesto con uñas y dientes, en medio de escándalos mucho más graves que Watergate.
En Colombia, desde la época del «aquí estoy y aquí me quedo», se perdió toda noción de responsabilidad política. Los servidores públicos mancillan su investidura sin sonrojarse y usan la presunción de inocencia como pretexto para excusar su apego al poder mal entendido.
Por eso, el caso Pretelt, debe ser el primero de muchos en el cual nuestra Patria recupere la capacidad de declarar indigno a quien con sus acciones y omisiones ha deshonrado a la magistratura.
El magistrado de la Corte Constitucional se negó a la petición de la Comisión Interinstitucional de la Justicia de retirarse para asumir sus procesos y se aferró a su empleo en menoscabo de la Corte Constitucional.
Pretelt ha sido denunciado por haber pedido plata para favorecer una tutela y tiene investigaciones penales por despojo de tierras, además de señalamientos por enriquecimiento injustificado y relaciones con los paramilitares.
¿Si todo ese conjunto no constituye indignidad para un alto integrante de la jurisdicción, qué lo es?

En Colombia se ha perdido la confianza en las instituciones por culpa de esos comportamientos egoístas. La imagen inmaculada de la justicia, ya no existe por esa razón.
La semana pasada, en un debate con el analista político Sergio Araújo en W Radio, éste argumentó que la presunción de inocencia obligaba a los colombianos a respetar a Pretelt. A renglón seguido acudió al expediente bajo de manifestar que “los Yepes han sido muy cuestionados pero por eso no dudo de la honorabilidad de Arturo.”
Pues bien: en 1997, cuando la justicia penal inició investigaciones contra mis hermanos, no contra mí, por asuntos relativos a la administración pública en Caldas, renuncié a mi curul como Representante a la Cámara, para preservar la dignidad de esa corporación. En ese entonces escribí: “Presento renuncia a mi investidura como Representante a la Cámara y me propongo no postular mi nombre para el Congreso de la República, mientras Omar Yepes permanezca en el Senado…”
Y agregué: “esta acción de un político sólo pretende restaurar en alguna medida la confianza de las gentes de la región en su dirigencia y con ella DIGNIFICAR en algo La Política…”
Por eso me reafirmo en que Pretelt es indigno de su cargo. Hace rato debió irse por voluntad propia, en bien de la Corte Constitucional, en vez de esperar a que se le declararan por el Senado las razones por las cuales su permanencia en ese Tribunal es imposible.

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