Columnistas

“La mejor defensa es la verdad”

Por: María del Rosario Guerra
Senadora Partido Centro Democrático

La familia es el eje fundamental de la sociedad, y protegerla es proteger su futuro. Bajo esa premisa, propuse y llevé a cabo el debate de control político en la plenaria del Senado de la República.

Como madre de tres hijos y como ciudadana, me preguntaba ¿por qué el gobierno quiere coartar el derecho de los padres a decidir la educación que quieren para sus hijos? ¿por qué el Ministerio de Educación se empeña en decidir qué orientación sexual debe darse en los colegios sin considerar lo que piensan padres y educadores? Y mejor aún, ¿por qué imponer a los menores una concepción de vida y familia que respeto, pero no comparto?
En sólo una semana el tema de conversación en aeropuertos, plazas y reuniones privadas fue el inconformismo por las acciones del Ministerio de Educación al convocar a colegios para cambiar manuales de convivencia, condicionados por unas preguntas que, para muchos, estaban en contravía del proyecto educativo del colegio. Y me decían: Senadora hay que hacer algo.

La respuesta rápida pero contundente fue la protesta pacífica a la que asistimos miles de madres y padres, educadores y rectores, que salimos a las calles el 10 de agosto, para dejarle saber a la ministra de educación la preocupación por la educación de los hijos y por la familia.

El debate en el Senado nunca se planteó contra alguien por su orientación sexual. Por el contrario, se constituyó en un reclamo legítimo de gran parte de la sociedad colombiana que cree en el respeto, y que no exige otra cosa que el mismo respeto por sus derechos, entre ellos el de definir cómo educar a sus hijos.

Es evidente que con el loable argumento de frenar el matoneo, la agresión, el irrespeto en los colegios contra estudiantes que piensan, actúan o tienen una identidad sexual diferentes, el Ministerio de Educación quiere usurpar competencias de los padres de familia, e inducir a los colegios a deconstruir ideas de familia, sexo y roles sociales, mediante las guías y talleres para cambiar los manuales de convivencia.

Demostré en el debate de control político cómo desde el Ministerio se le mintió a las familias y al país. La ministra primero aseguró que la cartilla no existía, y sí existe. Después aseguró que no se había pagado por ella; y con pruebas demostré que el Ministerio sí aportó 900 millones de pesos. Más adelante aseguró que no se habían convocado a los colegios para actualizar manuales basados en cartillas, sin embargo –con documentos de las secretarías de educación departamentales- demostré que los colegios sí fueron convocados a realizar talleres para revisar dichos manuales con preguntas orientadoras en la línea de la cartilla.

Igualmente expuse las preocupaciones de ocho asociaciones de colegios privados y de las diferentes iglesias presentadas por escrito -entre junio y julio pasados- a la ministra, y que no tuvieron respuesta.

Como mujer y católica siempre he creído que nada justifica el abuso, la violación, el acoso, el maltrato, ni el matoneo en la escuela, ni fuera de ella por tener una identidad sexual diferente. Como tampoco justifico la vulneración de ningún derecho, ni la extralimitación de funciones como ha ocurrido en el caso de la cartilla. No se pueden defender derechos de unos, desconociendo los de otros y además imponiendo ideologías.
Mi intervención estuvo centrada en las faltas cometidas por el ministerio de educación, y pretendía obtener de la jefe de la entidad una explicación al cuestionario radicado.
Pero fue decepcionante cuando llegó el momento de oír las explicaciones y respuestas de la ministra Parodi: el pleno del senado y las barras, entre las que se encontraban padres y madres de familia, no oyeron nada distinto de la ministra que el debate era poco menos que una persecución, un linchamiento moral por su orientación sexual. Inaceptable y nada más alejado de la realidad.

Sin el valor de reconocer los errores y equivocaciones cometidas por ella  y los funcionarios de su entidad; y sin argumentos para soportar lo hecho y lo dicho se escudó detrás de un discurso sobre la igualdad y el respeto a la diferencia, que comparto y además practico; pero que no puedo aceptar como respuesta a unas preguntas planteadas de manera clara y directa.

El poco tiempo que usó para hablar del tema de la cartilla, lo dedicó a comparar las publicadas durante el gobierno del expresidente Uribe y las del gobierno Santos.

Sobre el tema le recordé que en las cartillas publicadas durante  el gobierno Uribe nunca se puso en duda la institución de la familia heterosexual y se partía de la base de reconocer que se nace varón o hembra. Nunca se impuso a los colegios el uso o implementación de las publicaciones y tampoco se  amenazó a rectores sino las incorporaban. Se defendió la moral y las buenas costumbres, que ahora se quieren eliminar.
La conclusión no puede ser otra diferente a que quedó demostrada la incompetencia y falta de manejo de los temas de educación en cabeza de la ministra. Incluso su falta de sensibilidad con temas tan delicados como la educación sexual de nuestros niños.
Como funcionaria no debió nunca desviar el objeto del debate sobre decisiones de su ministerio, hacia un terreno personal que nunca pisé porque respeto absolutamente. Por el contrario, debió aceptar que se equivocó desde el principio y con gallardía ofrecer excusas y renunciar a un cargo para el que evidentemente ha demostrado no estar preparada.
Quieren robarle el alma a Colombia y pisotear la identidad sexual de nuestros estudiantes, pero no los dejaremos!

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