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LIBERTAD DE PRENSA: CASO NEW YORK TIMES CO. VS. SULLIVAN

Por Tomas Andrés Murcia

La Primera Enmienda a la Constitución de los EE.UU. garantiza la libertad de prensa, pero por varios años la Corte Suprema rechazó la aplicación de la Primera Enmienda para proteger a los medios contra las demandas por difamación, o sea, las que se basan en la publicación de información falsa que daña la reputación de una persona.

El veredicto de la Corte Suprema en el caso New York Times Co. vs. Sullivan revolucionó la ley de difamación en los Estados Unidos, al sostener que los funcionarios públicos no podrán presentar con éxito una demanda por difamación con el simple expediente de probar que la información publicada es falsa. La Corte dispuso que el demandante tiene que probar además que los reporteros o editores actuaron con “verdadera mala intención” y que la información fue publicada “con un precipitado desinterés por averiguar si ésta era falsa o no”.

El caso se produjo a raíz de un anuncio publicado en toda una página, en el New York Times, por la Conferencia del Liderazgo Cristiano del Sur para recaudar fondos destinados a la defensa legal del líder de los derechos civiles Martin Luther King, Jr., quien había sido aprehendido en Alabama en 1960. L.B. Sullivan, un comisario municipal de Montgomery, Alabama, que estaba a cargo del departamento de policía, alegó que él había sido difamado por quien publicó la descripción de las acciones de la fuerza policial de la ciudad. Sullivan demandó a los cuatro clérigos que habían sido responsables de la publicación del anuncio y también al New York Times, aduciendo que éste no había verificado la veracidad de dicho anuncio.

El anuncio contenía varias inexactitudes, y un jurado le adjudicó a Sullivan una indemnización de US$500.000. El Times y los líderes de los derechos civiles apelaron entonces el fallo ante la Corte Suprema y ésta decidió en forma unánime a favor de aquéllos. La Corte dictaminó que las leyes contra la difamación no pueden ser invocadas “para imponer sanciones a causa de la expresión de críticas a la conducta oficial de los funcionarios públicos” y que el hecho de exigir a los críticos que garanticen la precisión de sus comentarios daría lugar a la autocensura. La Corte no encontró evidencia alguna de que el Times o los clérigos hubieran obrado con mala intención al publicar el anuncio. (Legis. P).

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