Columnistas

¡LOS BUENOS SOMOS MÁS!

Por: Luisa Natasha Corrales Gaona.

Termina 2016 y entramos en días de balances para nuestro país. La paz, es sin duda el personaje del año. Su logro y trayecto no ha sido nada fácil y por ella se ha hecho lo posible y lo imposible; lo divino y lo humano, y se ha resistido hasta las llagas en los pies: las marchas multitudinarias por la paz, son las grandes ganadoras de este proceso. En otras palabras, los ganadores somos todos los colombianos.

Se entrega el Nobel de Paz a Colombia en cabeza del Presidente Juan Manuel Santos y todavía se oyen voces de rechazo a este reconocimiento. No se logra entender cómo, un país que marchó mil veces, que salió a las calles a rechazar la violencia, a pedir libertad para los secuestrados, a rodear a las víctimas del conflicto armado, sigue dividido por lo que nos une en un solo clamor nacional.

La politización de la paz, fue y es, inevitable, pero hoy el reconocimiento es mundial, para todos. Todos somos Nobel. El premio que es entregado anualmente por el Comité Noruego a la persona que ha hecho la mayor cantidad de contribuciones para la fraternidad, promovido la participación y promoción de congresos de paz y derechos humanos, y esa persona es el Presidente, las víctimas, el equipo negociador, y un país que se la jugó para llegar a donde estamos.

Si no reconocemos como nuestro ese Premio Nobel, y seguimos con el nombre y el apellido, será como continuar portando el pasaporte verde tan estigmatizado en todo el mundo, cuando ahora tenemos el distinguido título en nuestras manos. No nos demos tan duro. Nos estamos flagelando y rasgando las vestiduras porque le tocó “a uno solo” recibir el galardón. Eso no es generoso y tampoco un detalle de fina coquetería con la comunidad internacional. En redes sociales la cosa es, apabullante.

Hemos tenido un año durísimo en todo el sentido de la palabra: cambios de administración en los entes territoriales; la refirma del proceso de paz de La Habana al Colón, pasando por Cartagena; las sorprendentes elecciones en EEUU; los tradicionales paros; las pifiadas de las encuestas; el desplome de los precios del petróleo; el cruel fenómeno del niño; la imparable violencia contra los niños y las mujeres; la crisis en Venezuela y otros países vecinos que también la vieron negra; el éxodo de refugiados en Europa; el terremoto en Ecuador; el Bretix; la muerte de Fidel Castro; el dolor por el siniestro del amado Chapecó; y la reforma tributaria como para terminar 2016 sentados mirando luces…de Navidad.

No hay en el mundo un país donde pase de todo, en tan corto tiempo. Tenemos miles de razones para recibir ese Nobel. Somos unos guerreros de la luz, y del agua y de la tierra querida. Aquí, al tiempo que se sufre, se gana: los Olímpicos, los Grammy, el cine, la tecnología, el turismo, y todo lo que nos pinta la cara color esperanza, nos da el alivio necesario para seguir adelante con las dificultades.

Pidamos en esta Navidad que Dios ilumine a este país. Colombia se transforma y ese proceso duele, los cambios duelen. Romper con el pasado, darnos la oportunidad de que las cosas fluyan y que esto funcione. La paz requiere sacrificios y consentimientos, y los que marchamos mil veces recorriendo bajo sol y lluvia las calles hasta la Plaza de Bolívar, creemos que valió la pena. Cantar el himno nacional con la voz quebrada, aplaudir el apretón de manos que se vio en todo el mundo, gritar: ¡VIVA LA PAZ!, ponerse la camiseta y vitorear a algo que solo llevamos en el corazón, eso lo vale. Crónicas de merecido reconocimiento mundial que no podemos abatir con odios, ni rencores. Llueva, truene o relampaguee, este galardón debe inspirarnos a la lucha incansable de hacer las cosas bien todos los días. Felicitaciones colombianos! Los buenos somos más!.

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