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ORIGENES DE LA CORRUPCIÓN

Por Tomas Andrés Murcia

Últimamente está en boca de todos el concepto Corrupción pero, ¿Sabemos de dónde proviene y cuál es su evolución histórica? La RAE define esta idea como “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”.

Muchos conceptos u objetos que actualmente consideramos secundarios como el arado animal, una simple balanza o las artes plásticas fueron originados en el Imperio Egipcio  fruto de su desarrollo económico y social.  En cuanto al desarrollo histórico de la política egipcia se pueden destacar infinidad de conceptos pero si actualmente tuviéramos que destacar uno sería la primera ley anti-corrupción en la cual se decretaba que suponía un delito contra la justicia el intento de recompensa por un litigante para evitar la escucha del adversario y suponía pena capital para el enjuiciado.

 

Esto suponía la primera regulación ante este problema social cuya nomenclatura fue “Ley de Sobornos” pero no fue hasta la constitución americana cuando se extrapolo al mundo occidental la lucha contra la corrupción. A través de impeachment o juicio político, en la cual el soborno era considerado como traición y la corrupción como acto susceptible de ser enjuiciado por las leyes vigentes de aquella época.

Primeros actos que se fueron extrapolando a las demás constituciones europeas que fuera de mantenerlo en la teoría fueron creando comisiones y agencias nacionales con el fin de intentar eliminar este concepto, parasito del desarrollo burocrático de la sociedad.

Todo ello bloqueado por las fronteras, fronteras que serían difuminadas con el efecto de la globalización del siglo XX con la creación de organismos supranacionales como la ONU o la CEE, germen de la actual Unión Europea, las cuales con sus principios originales anticorrupción lucharon y luchan a través de agencias supranacionales como la UNICRI, OLAF o RECC, de las cuales la primera forma parte de la ONU y las dos restantes de la UE.

En la actualidad la corrupción en todos los ámbitos sociales solo podríamos encontrarla en países subdesarrollados, africanos en su mayoría, donde cada acción social supone un acto de corrupción. En el mundo occidental o desarrollado la situación es distinta, la corrupción se ha enmascarado para parecer inexistente aunque aparezca cual serpiente salida de una roca que ha sido movida por la fuerza de un niño inocente e inconsciente del peligro que supone dicho animal.

Toda idea o ideología política, social o económica tiene un lado histórico importante a analizar y la corrupción tiene uno detrás que nos permite analizar el pasado para actuar en el presente. La historia a lo largo de su trascurso ha sabido poner fin a situaciones de corrupción desde su origen egipcio a través del soborno hasta el enmascaramiento actual, y el hoy no será una excepción en el mañana. (Merino león Rafael-Internet).

 

En cuanto a nuestro entorno, vale la pena recordar el amplio análisis del prestigioso columnista del diario el Colombia Luis Fernando Álvarez, el cual fue publicado el 20 de febrero de 2014 y en el que hace un recorrido de la génesis familiar, educativa y social de la corrupción en Colombia y Antioquia, la cual nos arropa desde que tenemos el primer suspiro de vida, así como la admiración social que le tenemos a las distintas formas de sus manifestaciones, a saber:

 

“Para garantizar la transparencia y combatir la corrupción en la contratación estatal, se expidieron, entre otras, la Ley 80 de 1993, la Ley 1150 de 2007 y últimamente la Ley 1474 de 2011. No obstante en esta y otras materias, los casos de corrupción que con frecuencia se denuncian en los medios de comunicación, en los despachos judiciales y en otras instancias, obligan a reflexionar sobre el origen que en nuestra sociedad puede tener este flagelo. La respuesta hay que encontrarla en los fundamentos mismos del comportamiento social. El entorno familiar y social hace que desde su más temprana infancia se estimule en el niño comportamientos tramposos que en lugar de ser objeto de censura, son alabados como formas superiores de conducta. El héroe de la cuadra, del barrio, del salón de clase, del grupo de amigos, es aquel que se distingue por «vivo», o como decían nuestras abuelas, por «avispado». Y sobresale entre compañeros, amigos y familiares porque engaña al tendero, (paga un pan y se lleva dos), o sale a hurtadillas de la casa violando las reglas establecidas por sus padres, o en el colegio contesta a lista y luego se «vuela»; en fin, el personaje de la escuela es quien hace «pastel» en los exámenes o copia la tarea del compañero durante el trayecto del bus escolar.

Un informe de la Gobernación de Antioquia señala que el 80 % de los estudiantes universitarios de Antioquia dijo haber dejado que un compañero le copiara en un examen y el 11 % afirma haber presentado como propio un trabajo que bajó del internet. Se sustraen ocultamente los temas de exámenes. Se falsifican certificados para acreditar idoneidad en una lengua extranjera, se venden cupos para ingresar cursos, se paga a quienes manejan los sistemas de notas, para afectar asignaturas reprobadas y convertirlas en cursos aprobados. Se trata de comportamientos que poco a poco construyen la cultura de la corrupción.
Esa desfiguración cultural hace ineficaces las normas sobre control. Abogados y jueces acuerdan otorgar pensiones ficticias, médicos y otros profesionales desvían los dineros de la salud, altos funcionarios de la Rama Judicial obtienen pensiones a través de maniobras poco éticas, funcionarios y particulares de alto rango social se involucran en fraudes contractuales, miembros de las Fuerzas Militares asumen conductas censurables. En fin, lo lamentable es que los casos de corrupción sancionados o en investigación, parecen no tener fin. Esa corrupción que pone a nuestro país en un triste puesto de vanguardia en el contexto mundial.

Lo expuesto, que es apenas una muestra, lleva a concluir que en Colombia la corrupción no se limita a unas cuantas manifestaciones aisladas de conducta, sino que se trata de una enfermedad que impregna nuestra sociedad. Nacemos en medio de ella, nos movemos en la misma y llegamos a creer que es un comportamiento normal, no censurable. Mientras no se remedie la enfermedad, replanteando un esquema societario de valores y principios, podemos seguir expidiendo estatutos anticorrupción, pero el mal seguirá creciendo.

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