Noticia del día

Pandillismo, problema social que se desborda

Colombia tiene alrededor de 8 mil pandillas que se han convertido en un grave problema social, de inseguridad, y que atenta contra el bienestar de la nueva generación. Así lo sostuvo el senador Antonio Correa frente a esta problemática que será abordada por la plenaria del Senado el próximo martes.

La denuncia fue hecha por el senador y presidente del Partido Opción Ciudadana, Antonio Correa, quien citó a debate en plenaria del Congreso a los responsables de las políticas públicas de seguridad y bienestar de la infancia y adolescencia.

Para el debate de control político, el congresista citó a los Ministros del Interior, Justicia, Defensa, al Director General de la Policía, el Fiscal General de la Nación, al Procurador General de la Nación, la Directora del Bienestar Familiar, el Director del Instituto Nacional de Medicina Legal, entre otros representantes del Estado que tienen injerencia en el bienestar de la infancia, adolescencia y jóvenes, en la prevención del delito y la criminalidad.

Según el congresista, el debate se inició en la Comisión Séptima del Senado, ante la indiferencia de muchos de los citados quienes les parece un tema menor, o de ínfima importancia que en las principales ciudades del país existan más de 8.000 pandillas integradas por jóvenes entre los 10 y los 28 años de edad.

Agregó que, según el Instituto Nacional de Medicina Legal, en los últimos años han muerto casi 1.000 personas en manos de pandillas y más de 2.500 han resultado lesionadas.

“Casi 300.000 menores de edad entre los 7 y los 18 años tienen la calidad de denunciados por infringir el Código Penal. Y la respuesta histórica de los Gobiernos de turno es crear un programa social que no es eficaz. Hay tantos programas como pandillas”, afirmó.

“A la Plenaria no le podrán sacar excusas ni argumentar que las pandillas no existen, como ocurrió en la Comisión” indicó el senador citante Antonio Correa.

 

Ciudades afectadas

Según las cifras más actuales de la Defensoría del Pueblo las ciudades más afectadas son Barranquilla, Bogotá, Cali, Cartagena y Medellín, con 109, 149, 105, 86 y 90 pandillas, respectivamente. Si bien algunos programas sociales desactivan algunos grupos y hasta logran disolverlos, no ha sido posible contener la aparición de nuevos ‘combos’ y mucho menos la escalada de violencia de los que ya existen.

En Bogotá, “el aumento histórico del número de pandillas no es dramático, pero cada vez se vinculan más a los mercados ilegales”, según Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación. Esto responde a la “subcontratación criminal”: las estructuras delincuenciales no buscan tomarse las ciudades, sino que contratan a las pandillas para que operen el microtráfico. El narcomenudeo requiere cada día más jóvenes, que terminan en medio de la red ilegal. En la capital, por ejemplo, las pandillas BXRS Banda Extrema de Ratas y la 29 tienen una disputa a muerte en Usme, a pesar de que presuntamente ambas trabajan para los Llaneros.

En Medellín, entre tanto, sigue el legado ochentero de Pablo Escobar: los pandilleros quedaron a disposición de los señores de la droga, lo que los convirtió no solo en ladrones y jíbaros sino en sicarios. La Alcaldía cuenta nueve, entre las que están Los Triana y San Pablo, que reclutan pandillas de las comunas para ejercer control social a través de cuotas de vigilancia, hurtos agravados y limpieza social.

Pero cada urbe guarda sus singularidades. En Bucaramanga, por ejemplo, se descubrió que, a diferencia del resto del país, las mujeres protagonizan las pandillas urbanas. En Cartagena, por su lado, aunque aún no se ha establecido una relación directa con las bandas criminales, las riñas entre jóvenes pandilleros se traducen en toques de queda para el barrio entero, como en Olaya Herrera, Ricaurte y Pablo Sexto.

En Barranquilla, además de las batallas campales en medio de los ‘arroyos’, en los últimos meses se ha gestado una práctica macabra: las pandillas pintan las casas que consideran ‘objetivo militar’, ya sea porque no pagan las extorsiones o porque sus integrantes cruzaron las fronteras imaginarias. No obstante, tal vez el caso más preocupante es Cali, donde algunas pandillas se están uniendo al Clan Úsuga, que crea verdaderas escuelas sicariales y casas de pique. Así, en la capital vallecaucana las pandillas cada día se están pareciendo más a las temibles maras centroamericanas que hicieron de El Salvador uno de los países más violentos del mundo.

 

La problemática

El fenómeno tiene múltiples aristas y obliga a que diversas entidades participen en el trabajo de erradicarlas.

En una encuesta de la Secretaría de Educación de Bogotá, los estudiantes de colegios distritales explicaron que sus compañeros ingresan a las pandillas para defenderse de los atracos y el matoneo, o para conseguir venganza y popularidad. Sin duda, en las aulas rige la ley del silencio. Aunque tanto el Ministerio de Educación como el SENA crearon capacitaciones para sensibilizar y atender a los jóvenes en conflicto, la falta de educación es la piedra angular del problema.

Según el Ministerio del Interior, hay 964 planes municipales integrales de seguridad y convivencia aprobados por el Comité de Orden Público. No obstante, el repertorio de delitos parece ser cada vez mayor (ver infografía). Para el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) la cantidad de jóvenes recluidos entre 2005 y 2015 se ha multiplicado por 3.000, fenómeno que se recrudece con el consumo local de estupefacientes como la marihuana y la cocaína.

Según el informe de la Defensoría se ha intentado endurecer la legislación de infancia y adolescencia. En 2011, la Ley 1453 permitió bajar la edad imputable de los menores de 16 a 14 años, a la vez que aumentó las penas. Sin embargo, los expertos dudan de que la mano dura sea la mejor opción. En Centroamérica, en un intento por contener las maras, buscaron juzgar a niños de 12 años. Esto redujo la inseguridad a corto plazo, pero con el pasar del tiempo solo logró que los centros de reclusión se convirtieran en escuelas del delito.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pandillismo, problema social que se desborda