Entrevistas

Un conflicto de carácter ideológico

Un conflicto de carácter ideológico de tal dimensión, que las herramientas actuales de las que dispone la política española parecen no poderlo abarcar, así fue considerada la crisis que se vive el Catalunya por la declaración de independencia así lo expresó de Federico Pinto, un ciudadano Catalán que vive en Barcelona

Federico fue compañero de estudio del director de este portal y fue entrevistado porque está informado de los hechos nacionales e internacionales. www.periscopiopolitico.com.co lo entrevisto para conocer su punto de vista.

 

¿Cómo ve la situación en Cataluña en estos momentos?

 

La situación se vive de una forma muy tensa. Estamos frente a un conflicto de carácter ideológico de tal dimensión, que las herramientas actuales de las que dispone la política española parecen no poderlo abarcar. En mi opinión la mediación internacional sería una buena respuesta a la discusión sobre la escisión territorial catalana

 

La incertidumbre política como consecuencia de la aceleración de uno de los procesos más reivindicados de la historia española , junto al acelerado pulso que imprimen los medios de comunicación sobre el flujo politizado de la información, en ocasiones deformada o manipulada al antojo de algunos lobbies políticos, consolidan un escenario de fractura social que jamás había experimentado como ciudadano.

 

La tensión puede cortarse con tijeras y los brotes de violencia de carácter nacionalista español amenazan la recuperación de una convivencia donde el odio y la doctrina de fe política asoman por ambos frentes asentando un panorama triste que empieza a desgastar.

 

No se está haciendo ningún esfuerzo por alinear la legalidad a esa dimensión ideológica de la que hablaba al principio de mi respuesta. No considero democrático que el total de españoles menores de 57 años no hayan podido expresar su voluntad de acuerdo o desacuerdo con la constitución vigente. Se trata de un Estado del siglo XX intentando hacer frente a un contexto político-social propio del siglo XXI

 

 

 

¿Está de acuerdo con la independencia?

 

Cualquier forma de expresión colectiva que, por supuesto, obre de buena fe sobre el Estado de derecho de las personas, debe ser considerada por el marco legal/constitucional en una democracia. Pienso que la independencia es o podría ser solamente un medio. Pero el fin último, más allá de la realidad a cerca del sentimiento de autodeterminación catalán, es el deseo de dejar de sucumbir al desfasado Sistema de gobierno centralista que ha perdido cualquier garantía democrática y credibilidad popular, por haberse visto envuelto en más de 60 casos de corrupción que imputan aun total de 835 personas del Gobierno de Mariano Rajoy

Como ciudadano Catalán, no creo que la voluntad política de 2,2 millones de personas deje de ser, de la noche a la mañana, por la magia de aplicar un artículo de la constitución española que le permite al Estado ponerse al mando de la autonomía catalana, suspendiendo algunas de las competencias que había ganado en términos de autogobierno catalán, e interviniendo los medios de comunicación como habían hecho dictaduras de antaño. Tengo la sensación de retroceso por lo que a la calidad de la democracia española se refiere.

 

La generación de catalanes que sufrieron la represión cultural durante la dictadura de Francisco Franco, forman parte de un independentismo que atendía a emociones fundamentalmente, nuestra generación es la de independentistas que atienden a razones de carácter sistémico, no tan territorial o de autodeterminación, no han vivido ninguna dictadura, solamente tienen razones para optar por la reformulación de un sistema que les parece injusto.

 

 

¿Qué significado tiene para usted Cataluña?

Si me permite, quizás prefiera responder qué significado NO quiero que tenga Cataluña para mí porque es cierto el carácter altivo del catalán con respecto a sus semejantes españoles, como me parece cierto el lobby corporativista al que responden ciertas políticas de mi región. Pero no quiero dejar de pensar en la compañía de un pueblo que se ha manifestado de forma pacífica sin haber roto una sola papelera. No quiero dejar de observar la conciliación de voluntades deseosas de expresar como podrían sentirse más libres, en mejorar sus vidas sin perjudicar a las vidas ajenas. El significado de la identidad cultural, de la idiosincrasia tan dulce que recorre el territorio catalán, para algunos país y para otros hoy, república. Significa asistir a la exposición de unos objetivos cuyos fines legitiman el voto. Significa poder soñar con que todo eso a lo que han acostumbrado a tu oído, de forma regular y desesperadamente, puede revertir o transformarse en algo que regenere el tejido social hoy roto a pedazos por las ilusiones de unos y otros.

 

Permítame que le explique una historia que quizás ayude al lector a entender la situación poniéndose en mejor posición. El día que España jugaba la final de la copa del mundo contra Holanda, había salido a pescar con mi bote, pescar es una de mis grandes aficiones. Llegué a puerto 5 minutos antes de que acabara la primera parte del encuentro del que no me había acordado hasta observar desde el amarre, el bar al que iba siempre repleto de personas. Claro, había partido.

 

Llegué allí y me encontré con algunos lugareños emocionados con el evento y abrumados con el ambiente festivo. Reconocí a alguno de ellos invitándome a tomar asiento y acabar de ver el evento mundial de fútbol.

 

Me gusta el fútbol, mucho. Lo he llegado a jugar durante 12 años y ha sido lo que para un Francés el vino o para un americano la NBA, pero aquél día me olvidé de España y no me había dado ni cuenta, sin premeditación, sin contraposición alguna. Solo estaba eso….., pescando. Pude darme cuenta de que quizás haya algo malo en sentirse ciudadano catalán, pero cambié de opinión en cuanto conocí la España del diálogo, la dulzura, gracia y nobleza de muchos españoles a los que quiero y con los que hablo y comparto sentimientos de carácter político que por el solo hecho de ser compartidos, nos unen. Pero ahora empezamos a no escuchar nada debido al estruendo de las multitudes enfurecidas y el volumen festivo de los que prefieren seguir soñando en reformular el juego.

 

 

 

¿Cómo español, qué decirle al mundo entero que tiene los ojos puestos en Cataluña?

 

Para hablar de la democracia española hoy, les invitaría primero a justificar la no existencia de violación del derecho que fundamenta cualquier democracia: El derecho de expresión libre, la que me parece condición sine qua non para hablar de democracia. Anular “por decreto casi divino” ese derecho de expresar libremente un pensamiento, nos aleja, al menos de una resolución democrática.

 

Reconsideren la idea a cerca de la ley, deben ser las personas las que construyen las normas que darán lugar al tipo de convivencia que deseen, adaptándolas en mayor o menor medida a los contextos económicos y sociales por los que transitan, o son las normas y su rigor sobredimensionado (1978) las que dictarán como deben ser organizadas las personas? Pero pongo en duda que la convivencia de un colectivo deba ser moldeada a golpes de porra, encarcelamientos por pensar de forma libre o destituciones sin sentido conciliador. Me parece una forma, como poco, de humillación. No dice la democracia que la titularidad del poder está en manos del pueblo?

 

 

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