Nota Política

UN ‘DETRÁS DEL MICRÓFONO’ HACE 27 AÑOS

Por Samuel Salazar

Menos de un año pasó desde el encuentro entre el Ministro de Gobierno Raúl Orejuela Bueno y el Comandante Carlos Pizarro Leongómez, para que el M-19 firmara la paz.

La aventura de irme a Popayán a ser cabeza de ratón como director de Caracol Radio, me sorprendió a los pocos días con la noticia de que se iba a realizar en las montañas del Cauca un nuevo intento de paz. Mi colega y amigo Alberto Ordóñez Muñoz, bien dateado como siempre, averiguó los detalles y la forma de llegar al sitio del encuentro que sostendrían el Gobierno y la guerrilla para dar comienzo a las negociaciones, lo que se mantenía en un estricto secreto. A regañadientes los directivos de la Cadena Radial en Bogotá autorizaron que viajara a donde se tenía previsto en gran encuentro.

Para llegar al campamento de Santodomingo había que salir por la vía Panamericana rumbo a Cali, adelante de Piendamó tomar el desvío hacia Caloto. Luego, por carretera destapada avanzar hacia las montañas del nororiente bordeando el rio Palo. Antes de Toribío estaba el desvío al corregimiento de Tacueyó, famoso por la masacre que en 1985 de 165 guerrilleros que protagonizó el grupo Ricardo Franco entre sus filas después de que sus jefes ordenaran una punga interna buscando infiltrados.

La noche del 16 de marzo avanzamos por una trocha hasta el lugar más cercano al campamento al que se podía llegar en vehículo, guiados por dos jóvenes que nos esperaban en Tacueyó, uno de ellos, recuerdo, era José Cuesta Novoa, hoy activo dirigente de izquierda en Bogotá. Allí estaba el primer reten de los guerrilleros y nos recibió un capitán de la fuerza llamado Hipólito Blanco, con quien hablamos hasta la madrugada de las expectativas del proceso. Me acompañaban varios colegas corresponsales de agencias internacionales que también habían sido invitados.

El 17 de marzo transcurrió en medio de ruido de helicópteros, personajes que llegaban y el ir y venir con los colegas en el apuro de poner un micrófono o una grabadora en busca de la noticia. Avanzada la tarde se produjo la rueda de prensa conjunta en la que se leyó la Declaración del Cauca, en la que Gobierno y M-19 se comprometían en la negociación, para lo cual se establecía una zona delimitada donde además los alzados en armas se agruparían.

Era 1989 y lo más moderno con que contábamos para comunicarnos era el radio teléfono del carro de Caracol, cuya señal habíamos perdido desde el día anterior antes de llegar a Caloto. Con la certeza de que los colegas que llevó el gobierno en su comitiva no iban a sacar la noticia antes de las siete u ocho de la noche, me reporté a Bogotá a las 6:00 de la tarde desde Tacueyó, aprovechando la única línea que tenía el kiosco de Telecom. Salí al aire y grabé informes para toda la noche. Ese mismo día recibí la orden de quedarme y buscar que el comandante Pizarro nos diera la entrevista para el programa institucional de Caracol EL PERSONAJE DE LA SEMANA, que se emitía los domingos.

Para grabar al comandante del M-19 enviaron desde Cali a apoyarme al colega y amigo Álvaro Miguel Mina con tremendo transmovil para garantizar que el sonido de la entrevista fuera el mas puro y fiel. Sobre el medio día ya habíamos terminado el reportaje y de regreso paramos en la tienda donde estaba ubicado el retén donde pernoctamos el primer día. Allí saludamos al comandante Hipólito y conversando con él nos enteramos que su nombre real era Fabio Alejandro Mariño Vargas, uno de los 12 negociadores nombrados por Carlos Pizarro para apoyar las negociaciones, y cuya designación como tal estaba en medio de una gran polémica pues era el único que aparecía con antecedentes penales, nada más y nada menos que por haber participado en la toma del Palacio de Justicia.

El sin embargo nos desmintió la versión y grabé su declaración. Ese día Telecom había instalado en el lugar un teléfono para uso de la guerrilla y el propio Hipólito nos lo ofreció para que enviara el informe. Le conté a Carlos Ruiz la noticia que tenía y me dijo que le preguntara al personaje si podía responder algunas preguntas desde Bogotá, a lo que accedió. Pensé que lo iban a grabar, pero de un momento a otro me pusieron al otro lado de la línea el sonido de la cadena, eran la 1:20 de la tarde y estaba al aire Ultima Hora Caracol. Seguidamente sonó la fanfarria que asustaba y ponía los pelos de punta. Después del ‘cuando la noticia se produce, Caracol se la comunica’ entró Yamid Amat: “Mucha Atención, en estos momentos un periodista de Caracol se encuentra en el campamento de Santodomingo con el único guerrillero del que se tiene conocimiento salió con vida de la toma del palacio de Justicia”… Era mi primer extra. Me armé de valor, le hice un par de preguntas a Hipólito y se lo dejé al jefe para que continuara. Lo tuvo 25 minutos tratando de que le confesara que había participado en la toma del Palacio de Justicia, siempre se lo negó.

Con el tiempo el campamento tuvo línea telefónica y el camino de herradura se hizo carreteable. Fueron once largos meses en los que cada semana nos desplazábamos al lugar para cubrir las negociaciones. Cuando los anuncios eran importantes, incluso nos autorizaban vehículo técnicamente dotado para salir en directo desde el sitio. Eso ocurrió tres veces y la última de ellas fue ese 8 de marzo de 1990 cuando cada uno de los guerrilleros del M-19 dejó sobre una mesa sus armas y finalmente Carlos Pizarro envolvió su pistola en una bandera de Colombia y la puso sobre los fusiles de sus hombres para declarar oficialmente que el M-19 volvía a la normalidad. Éramos los únicos que estábamos en directo y todo gracias a una señal de Frecuencia Modulada que originaba un trasmovil que enviaba la señal a una repetidora en el Alto de El Campanario, esta a su vez a Cali y de allí a Bogotá a través de otro cerro, Manjuí, para luego emitir al aire. Eran otras épocas, otra forma de hacer radio, otros protagonistas de una guerra que se resiste a dejarnos.

A los que les interese conocer más en detalle lo que fue el proceso de paz, les comparto una crónica radial de la época que resume lo que fueron esos once meses de negociación.

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