Nota Política

¡Paren ya!: Consulta popular y a trabajar

Por: Juan Carlos Cortés González*

Se encuentra Colombia en una situación de suma cero, en la que mientras los extremos jalan, la sociedad pierde. Prevalece la incertidumbre, el desánimo se apodera de los espíritus y reina el miedo, como factor predominante del accionar político.

Por décadas en el país, el debate electoral estuvo determinado por el temor, primero por la guerrilla armada y luego por el narcotráfico. Ahora, que se reconstituyó el Estado en 1991 y que se acordó la paz, se entrampa a la sociedad en miedos administrados por los extremos ideológicos.

Los factores en curso son propicios para una tormenta perfecta: déficits estructurales históricos, efectos empobrecedores de una pandemia, movilización social en la región y campaña electoral bipolar.

El panorama actual comprende entre otros elementos, una mesa de negociación estancada; Rusia aparece en escena, en tanto Estados Unidos centra sus preocupaciones en Gaza y los gremios reclaman la actuación de organismos internacionales; Perú vive un complejo proceso electoral, Chile se redefine en medio de la dispersión ideológica, sin Copa América, el principal puerto de exportación obstruido, un elevado número de fallecidos por Covid, con una parsimoniosa vacunación; un solo candidato viable hasta ahora a la Presidencia y un centro político diluido.

Y en la mitad de todo, la sociedad que tanto quiere trabajar y desplazarse a sus hogares con tranquilidad, como anhela profundas reformas para la inclusión social y económica. La misma que rechaza el exceso de la fuerza pública, como la violencia mimetizada en la protesta. Una sociedad poco representada por la política y por el liderazgo del paro, pero que anhela expresarse y que sale a las calles en forma pacífica, con acento democrático.

Es el momento para que los extremos paren ya. Es la hora de sacar los temas de la mesa de la negociación y colocarlos en el escenario constitucional apropiado: una consulta popular sobre las reformas sociales que necesita Colombia.

Aplicar la Constitución es el camino, para fortalecer la democracia y empoderar la voz popular.

Es imperativo desmarcar las protestas y su manejo de pretensiones electorales. No se puede caer en el juego de la ideologización partidista, por lo cual los sectores sociales y económicos del país deberán impulsar un movimiento ciudadano que encauce la institucionalidad hacia las reformas que se requieren, con el liderazgo promotor de la juventud.

A través de una consulta popular con iniciativa ciudadana libre, la sociedad tiene la opción de definir los lineamientos en materia de reactivación social, económica y diálogo que requiere.

La Constitución permite que los ciudadanos se expresen sobre las políticas necesarias en campos como la renta básica, el acceso al derecho a la salud, la generación de empleo y el trabajo decente, la inclusión productiva de los jóvenes, la equidad con la mujer, el fortalecimiento de la protección social y la institucionalización del diálogo como vía para consolidar la democracia.

El Gobierno a gobernar, los promotores sociales y cívicos a opinar y proponer, los candidatos a hacer campaña y la ciudadanía a expresarse sobre las reformas que anhela, pero recuperando todos la cordura y la calma.

No se puede perder de vista que mejorar la democracia, requiere aplicar más democracia por las vías del acuerdo constitucional. Lo que hay que prevenir es caer en tentaciones que, con independencia del color ideológico, provocan formas de autoritarismo populista.

Contra el miedo, la incertidumbre y el desánimo: entusiasmo cívico, pues la solución política está en manos de los ciudadanos.

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¡Paren ya!: Consulta popular y a trabajar

Por: Juan Carlos Cortés González* Se encuentra Colombia en una situación de suma cero, en la que mientras los extremos jalan, la sociedad pierde. Prevalece la incertidumbre, el desánimo se apodera de los espíritus y reina el miedo, como factor predominante del accionar político. Por décadas en el país, el debate electoral estuvo determinado por el temor, primero por la guerrilla armada y l